Sobre arte y sociedad

Enrique Falcón (Valencia, 1968) es miembro de la CVX ‘Ignacio Ellacuría’ de Valencia y trabaja como educador y pastoralista en un centro de la Compañía de Jesús. Como escritor, ha publicado una veintena de libros y entre ellos cabe destacar La marcha de 150.000.000 (publicada en 1994, 1998, 2009 y 2017), la Trilogía de las Sombras (publicada en 2005, 2008, 2013 y 2020) y un apocalipsis cristiano, Sílithus, que salió a la luz el día mismo en que se decretó en España el primer estado de alarma del año 2020. Poemas suyos han sido musicalizados por Javier Peñoñori, Niño de Elche y Exquirla (esta última banda, con el disco Para quienes aún viven). Todos sus trabajos de crítica literaria y política están recogidos en el volumen Las prácticas literarias del conflicto: registro de incidencias (2010).

Como ejemplo del tipo de poesía que Quique escribe, aquí tenéis un vídeo con un poema suyo, “Europa muda” (incluido en su libro “La marcha de 150.000.000”, inspirado por la Teología de la Liberación), interpretado por la banda ‘Exquirla’ ante el original del “Guernica” de Pablo Picasso y retransmitido por RTVE en la primavera de 2017:

El amor, la ira

(sobre el papel del arte y la poesía en un tiempo herido)

Enrique Falcón

1)      Mirar de frente a la desesperanza y no bajar los ojos.

         Por eso, escribimos.

2)      Belleza: la sed que convoca un poema. También, sobre todo, un poema político.

3)      Nuestra tarea trata de conectar nada menos que tres dimensiones en la raíz misma de nuestros poemas: la dimensión histórica, la dimensión personal y la dimensión estética.

         Solo desde este particular posicionamiento (que no pasa exactamente por ninguna estrategia de equilibrio), podrá entenderse nuestra peculiar sorpresa hacia la tanta poesía unidimensional que hoy se escribe en nuestras latitudes.

4)      A estas alturas de nuestro tiempo, es un enorme error seguir considerando la literatura como un problema individual.

5)      Communio non est identificatio.

         La poesía política actual no representa a quienes se les niega la voz.

         No deberíamos suplantar a los heridos.

         Del mismo modo que es absurdo que el poema procure la identificación del lector con las víctimas, jamás debería hacerlo el poeta político que escribe desde Europa.

         Debería inquietarnos el hecho de que pueda decirse de nosotros que elevamos la voz de quienes viven en las cunetas de la historia.

         Nuestra voz es nuestra voz. Si no, no hay esperanza.

6)      “La injusticia no es anónima: tiene nombre y dirección” (Brecht).

         Un buen poema político no “mueve el mundo”.

         Ayuda a recobrar aliento.

         Un buen poema político no “hace caer a la injusticia”.

         Le da nombre y dirección.

7)      Como cualquier otro ciudadano, el poeta es –en efecto– un límite del mundo. Pero habrá que ver qué legitima.

8)      Un buen poema político –a diferencia de buena parte de nuestra poesía más reciente– no puede faltar a la verdad.

9)      No deberíamos distraernos demasiado por el hecho incuestionable de que no es más necesaria la poesía política que seguir insistiendo en los intentos liberadores de la acción social organizada.

10)    Las conexiones entre el poder y lo real (de las que nuestra poesía –a diferencia de buena parte de la literatura más reciente– no puede prescindir) son las que convierten al llamado “estilo” en una elección profundamente moral.

11)    Como han intuido para sí mismos los nuevos movimientos sociales de signo resistente, en nuestra poesía lo político es personal.

12)    Nosotros no apuntamos, todavía, a una transformación radical de las cosas

         sino a una resistencia (…que es una transformación radical de la cosas).

13)    Las tensiones que desata toda poesía política son de índole estrictamente espiritual, sobre la base de las condiciones materiales de la vida.

i.       Si es posible la esperanza en un mundo repleto de víctimas.

ii.      Si tienen un futuro nuestros muertos (y si es factible llamarlos nuestros muertos).

iii.      Si cabe entre nosotros, moradores de una vida cómplice con el sistema que los produce, la posibilidad de una vida plena y resistente que podamos, finalmente, celebrar.

         Por todo ello, bien se puede decir que es la nuestra una poesía de combate.

14)    La poesía no es una estructura inocente.

15)    No existen los “hechos desnudos”.

16)    Tácticas de combate.

         Cuando nuestros poemas se vuelvan excesivamente autónomos, intensificaremos nuestra militancia en las organizaciones sociales de base y el trabajo en los talleres barriales de escritura.

         Cuando nuestros poemas se vuelvan lastimosamente previsibles, reanudaremos la práctica del buceo en los abismos de la conciencia.

17)    Debería inquietarnos lo altamente inofensiva que resulta la poesía actual.

18)    A diferencia de buena parte de nuestra poesía más reciente, nosotros habremos de contar con cómo ha sido construida la conciencia de cada lector.

         El lector de poesía política es, por ello, el menos pasivo de todos.

19)    Ideología y utopía: tan necesitados estamos de la una como de la otra. Visto lo visto, ¿para qué deberíamos permitir que nos las separaran?

20)    Hoy, deberíamos intensificar la presencia de verdugos en la trama de nuestros poemas.

21)    En la intemperie.

         Hoy es muy poca la poesía que trate del mundo.

22)    Nuestro “Compromiso”.

i.       Nuestro esfuerzo literario no está “comprometido con el lenguaje” (y, mucho menos, con el oficio o con la obra propia).

ii.      Nuestro compromiso literario lo es de carga política y espiritual.

iii.      La expresión de esa dicción cargada es absolutamente lingüística.

iv.      Nuestros artefactos son palabras.

v.       El trabajo en que nos sumergimos para conseguir lo que buscamos se realiza desde la base del material de la lengua y los registros del habla.

vi.     Entre sus muchas posibilidades, contemplamos la distorsión de la lengua como parte constitutiva de un fuerte posicionamiento político y espiritual en el medio del mundo.

vii.     Pero, aun metidos de lleno en la ductilidad de este material lingüístico, no estamos de modo alguno “comprometidos con el lenguaje”.

23)    Y Hoy…

         Lo que acuna el nacimiento de un poema político:

         el amor, la ira.

Las opiniones e ideas que aparecen en los artículos publicados desde Acompañ-arte son responsabilidad de las personas que los han escrito y, por tanto, no necesariamente coinciden con los de CVX-España como institución.


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