El encuentro vivido dentro del grupo de vida en la Asamblea

En mi caso con  Conchita, Itziar, Alfonso, Chris y Roberta. Un grupo de vida que se empieza a conocer, desde la apertura y disposición, y con todo preparado para ello con un pequeño kit compuesto por un tapete, elaborado por manos de Nieve de la comunidad en Sevilla, una vela que se enciende sobre la sal marina en granos gruesos, elaborada por Rosa también de la comunidad en Sevilla, una pluma, que viene de muy lejos recogida con cariño por Francisca, una pequeña plantita cuidada durante meses con espero y una hermosa cruz elaborada por Marifer de la comunidad en Málaga, de dos tallos unidos por un pabilo marrón. Al colocarlo todo en el centro y en el suelo, nos invita y nos centra, nos hacemos conscientes de quien nos convoca, e invocamos al Espíritu Santo:

VEN, ESPÍRITU SANTO CREADOR, 

VEN, FUEGO QUE ALIENTA LA VIDA, 

VEN, AGUA QUE LIMPIA Y NOS FECUNDA, 

SOPLO QUE NOS HACE ANDAR, 

MUÉSTRANOS EL CAMINO PARA SER UNA COMUNIDAD A TU SERVICIO.

Esta oración es de mucha ayuda, y así nos sentimos que entramos en terreno sagrado, donde compartimos mociones, que han surgido en nuestra oración previa. Para pedir la palabra teníamos que inclinarnos para tomar la pluma, y de forma breve, sencilla y clara expresamos emociones, sentimientos. El resto, estamos en escucha atenta y consciente, con el corazón abierto y dejándonos impregnar por lo que se expresa, y sin prisa. El silencio que sigue nos ayuda a reposar, y poder sentir qué huella ha dejado en mí, qué me resuena, qué coincide con lo que se me ha movido a mi también. 

El grupo de vida, cuando estábamos en el momento de «La llamada» después de recorrer las misiones apostólicas, y escuchar a María Luisa Berzosa, Enric, Raúl y Enma, fue especialmente rico en sentires, y emociones, nos dejó abatidos, sorprendidos, y abrumados. Entre las mociones compartidas surgían de forma común las palabras caos, incertidumbre, y supervivencia que llenaron nuestros corazones de desolación. 

Sin embargo, al hacer el silencio que seguía, al ir asentando lo que íbamos escuchando, se nos regaló un sentimiento de esperanza, de luz que iluminaba lo sentido al principio, después de un intercambio tan diverso, el silencio, nos hace retomar, lo que nos une, y es cuando sabemos que los obreros son pocos, y las mies muchas, y que no estamos solos. Estamos con él, y es el que nos llamó primero. 

Reforzado por las palabras de Chris de que no hay que tener miedo, que hay que creer y seguir el corazón. En esa necesidad de aprender a escucharnos, pensamos que sí, pero no. Porque en esa escucha nos damos cuenta que coincidimos muchas veces, y es allí donde se produce el consenso comunitario y en el mismo compartir, gracias a Roberta que nos recordó el libro del Papa Francisco «Soñemos juntos». Por ello los sentimientos con los que terminamos la reunión, cambian, han sido orientados por el padre madre y no nosotros: concluimos con «confianza, agradecimiento por tanto realizado, y seguir soñando», acciones que parten de un TU para convertirse en un NOSOTROS.

Para mi el aprender a escuchar, el escuchar como transmito eso que siento por dentro,  fue y es un gozo, ser testigo del soplo del espíritu, que se hace presente, en el consenso y en la unión de ánimos. Es para mi la forma mas especial en la cotidianidad de sentir su presencia y compañía, es poder dar pasos, de uno en uno, sin adelantarlos.

María Alexandra Vásquez Ruiz
CVX Galilea en Madrid

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