Complic-arte ¡Dale!, sin miedo.
El momento de mayor consolación en mi vida de fe llegó cuando fui consciente de que la complicación, la confianza y la acción iban de la mano, y que no había que tener miedo al cambio.
Esto me lleva removerme desde lo más profundo de mi infancia hasta en muchos episodios de mi vida adulta: nueva clase en Primaria; cambio = drama; nos mudamos de casa: cambio = drama; ruptura de una amistad; cambio = drama… y con esta premisa de que el cambio era malo he ido creciendo.
Sin apostar, sin arriesgar, sin escuchar dónde Él me quería. Y efectivamente; la plenitud no llegaba.
Hace algunos años, un amigo Jesuita me dijo: “¿dónde te sueña Dios?”. Pues yo que sé, siendo profesora de Educación Especial supongo, porque para eso he estudiado. ¡Menuda “valiente” eh!
Y entonces hablé con Dios.
Jamás tuve tanto miedo y a la vez tanta paz. Había rumbo fijo, pero tenía que hacer un cambio radical en mi vida: dejar mi trabajo fijo soñado en el colegio de mi infancia como profesora y marcharme a la otra parte del charco un año. Sola. Tercer mundo. Incomodidad. Reto. Perder.
Cambio. Cambio. Cambio … ¡COMPLÍCATE!
Realicé mi formación VOLPA (voluntariado de Pedro Arrupe), me enviaron a República Dominicana y apoyé en el área de psicopedagogía de una escuela Fe y Alegría durante un año.
Cambié todo con esa valentía que no llega de la fuerza humana, sino de la divina, y descubrí a Dios en lo pequeño; en nuestros hermanos al otro lado del charco; en culturas distintas; en la soledad; en los amaneceres frescos; en canciones en una habitación; en oraciones por video llamada; en el “¡buenos días profe!” de Yandford” …
Aprendí a confiar en que estaba allí por un motivo; que soy instrumento de Dios y que mis manos tienen más fuerza cuando actúan por Él y con Él. Sigo siendo instrumento de Dios, y en mi vida no existe el miedo. ¿Sabes por qué? Porque estamos aquí para complicarnos; para revolver(nos); para ser los más amados y también los
más odiados; para llevar la buena noticia y ensuciarnos las manos. Esto hermanos y hermanas es la vida en la que nos sueña.
Ojalá ese poder que solo Él nos da para hacer brotar nuestros mejores dones y ofrecerlos te haga tener los pelos de punta, como los tengo yo ahora mismo escribiendo esto.
Jamás habría vivido tanto ni hubiera sido tan feliz si le llego a decir que “no”, aunque el mal espíritu me tentara muchas veces. Pero ya sabes: decidí que complicarse por Dios siempre merece la pena.
Inés Tabarés
Centro Loyola de Valladolid.


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