El primer preámbulo es la historia; y será aquí cómo desde Nazaret salieron nuestra Señora, grávida quasi de nueve meses, como se puede meditar píamente, asentada en una asna, y José y una ancila, llevando un buey, para ir a Belén, a pagar el tributo que César echó en todas aquellas tierras.
El segundo, composición viendo el lugar; será aquí con la vista imaginativa ver el camino desde Nazaret a Belén, considerando la longura, la anchura, y si llano o si por valles o cuestas sea el tal camino; […].
(Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, 111 y 112)
Por entonces se promulgó un decreto del emperador Augusto que ordenaba a todo el mundo inscribirse en un censo. Éste fue el primer censo realizado siendo Quirino gobernador de Siria.
Acudían todos a inscribirse, cada uno en su ciudad. José subió de Nazaret, ciudad de Galilea, a la Ciudad de David en Judea, llamada Belén –pues pertenecía a la Casa y familia de David–, a inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta.
(Lucas 2, 1-5)
San Ignacio nos anima en los EE.EE. a contemplar el primer misterio de la vida de Jesús, el Nacimiento. Y podemos tender a imaginar directamente el portal o la gruta donde se produjo, el pesebre, los paños en los que María envolvió al niño, la mula y el buey. Incluso esa vista imaginativa puede estar influenciada por el portal que hemos preparado estos días en nuestra propia casa. Esto puede llevarnos a olvidar que Ignacio nos pide que contemplemos antes el camino hacia Belén.
Evidentemente, en el texto evangélico no encontramos por ningún lado ni la asna ni la ancila (sirvienta) ni el buey que menciona Ignacio. De hecho, Ignacio traslada al texto sus propios esquemas culturales, el cómo entendía él ese camino. No nos pide que hagamos una investigación geográfica para saber a ciencia cierta cómo es en realidad el camino entre Nazaret y Belén ni nos pide hacer una investigación histórica sobre si José y María tenían o no una asna, una sirvienta o un buey. Nos pide que hagamos nuestra la escena, que pongamos nuestra imaginación y nuestra vida en juego “como si presente me hallase” para que Dios pueda actuar en ti, en mí, en nosotros.
Y en ese camino, José y María no estaban solos, porque “todo el mundo” debía inscribirse en el censo. Del mismo modo, si miramos alrededor con la memoria y la imaginación, es posible que descubramos que en el camino de nuestra vida hay o ha habido gente que estaba caminando porque tuvo que elegir dejar atrás su casa, su país —o incluso su familia— para buscar un futuro mejor. Hermanas y hermanos migrantes que comparten hoy con nosotros la misma ciudad, las mismas calles, es posible que el mismo lugar de trabajo, la misma comunidad, esta misma oración.
El camino para María, que estaba a punto de dar a luz, no tuvo que ser nada fácil. Se veía obligada por una orden a realizarlo en el peor momento para una embarazada. José, viendo la multitud que llenaba el camino y el estado de su mujer, tenía que estar muy preocupado. Es posible que intuyese que no iban a encontrar sitio en la posada. ¿Cómo imagino las preocupaciones de las personas migrantes que he encontrado en el camino de mi vida?
Ese camino de mi vida seguro que ha tenido también momentos muy difíciles en los que la compañía, la amistad o el amor de quienes caminaban a mi lado me han ayudado a recobrar fuerzas para afrontar una nueva cuesta o para recuperar el aliento en un llano. ¿He estado cerca de las personas migrantes que me he encontrado “sirviéndolas en sus necesidades”?
En Belén nos espera la enorme alegría del Nacimiento del Hijo de Dios, pero las alegrías solo alcanzan su máximo grado si son compartidas. Y podemos empezar a compartirla ya en el camino, con las personas migrantes que caminan a nuestro lado; aunque el camino sea difícil para nosotros y/o para ellas. Podemos celebrar juntos que nuestra sociedad actual, gracias a ellas, es más diversa; que su cultura, sus lenguas, su trabajo, su vida nos han enriquecido. Podemos celebrar juntos el “Dios con nosotros”, que ama a todos los seres humanos, a los que creó iguales, vengan de donde vengan.
También podemos echarnos al camino para recibir a quienes siguen llegando y empezar así a caminar a su lado, y podemos ser posada caliente que los reciba.
Te animamos a contemplar el camino de tu vida hacia Belén y a mirar con amor a todas las personas que caminan contigo, a daros la mano y a rezar juntos un Padrenuestro para agradecer a Dios que nos haya regalado a su Hijo y pedirle que nos haga sentirnos, de verdad, hermanas y hermanos.
¡Feliz Navidad!
Equipo de misión Migraciones de CVX en España
Fotografía de Alberto Di Lolli


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