¡Cuánto duele la herida cuando nos hacen daño! ¡Qué mal nos sentimos cuando no entendemos lo ocurrido ni por qué nos ha pasado eso!
A veces estas situaciones nos pueden arrastrar a sentirnos en el derecho de quedarnos enganchados en el victimismo que nos lleva a la sombra. A nuestra propia sombra. Desde ahí, puede ser que seamos nosotros mismos quienes nos hagamos daño con nuestro propio diálogo interno manteniéndonos alejados de la Fuente de Vida.
Sin embargo, cuando estamos en esta situación, podemos conectar con facilidad con el sufrimiento y dolor de los demás porque, desgraciadamente, la angustia une hasta a las personas que pueden estar en polos opuestos. Ahí tenemos ejemplos como las marchas de mujeres palestinas e israelíes por la paz. Unidas en el dolor.
Aunque suponga un salto casi imposible, ¿puedo colocarme y sentir también el dolor de los otros? Aunque no me apetezca salir de mi herida, ¿puedo comprender que a otros les duela el conflicto por el lado opuesto?


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