En todo cuidar y servir. 2º Encuentro de Conversión Ecológica

El Papa decía en la Laudato Si (n. 216) en el apartado III que se titula precisamente Conversión ecológica: Quiero proponer a los cristianos algunas líneas de espiritualidad ecológica que nacen de las convicciones de nuestra fe, porque lo que el Evangelio nos enseña tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, sentir y vivir.

Siguiendo esta llamada, el grupo de Al Servicio de la Vida de la CVX en Sevilla, preparamos el curso pasado un primer encuentro para el que contamos con José Eizaguirre, un gran maestro e inspirador en el camino de la conversión ecológica.

Para este curso, en cambio, decidimos que el mejor lugar para el segundo encuentro tenía que ser un espacio natural, así que nos desplazamos hasta la casa Emaús en Santa María de Trassierra y allá nos encontramos 14 adultos y 17 menores, un grupo plural en el que también estaba Helena de CVX en Jerez y personas amigas.

En un ambiente sereno propiciado por el entorno pudimos encontrarnos a nosotras mismas en la naturaleza a través de nuestros paseos ecológico-espirituales que nos permitieron escucharnos, tranquilizar el ritmo acelerado con el que llegábamos, admirarnos por la belleza y los dones que se nos regalan constantemente, pero que no siempre somos capaces de contemplar por el ritmo de vida que nos arrolla.

Mientras los niños y adolescentes vivían su propia experiencia gracias al magnífico trabajo de Laura y Marta Sánchez-Matamoros y disfrutaban del espacio y la libertad del entorno, las adultas compartimos en grupo los pasos que hemos ido dando en nuestra vida cotidiana en esta dinámica de conversión, pasos sencillos que consisten en comprar leche o pan del día, acercarnos a comercios locales y llevar un tupper para el pescado o la carne, prestar atención a nuestra alimentación,… Reconocimos también que estamos lejos de vivir de modo austero,  algunas hablaban de “estrés ecológico” y también cómo podíamos gestionar la sensación de que lo que hacemos no vale para nada pero nos recordábamos que “a veces, son esas pequeñas decisiones, esos pequeños actos de servicio los que te cambian la vida”, pues hacer pequeños gestos o grandes esfuerzos por cuidar la casa común y a las personas descartadas tiene sentido porque es cultivar el bien, es trasmitir amor, no es una opción, sino una necesidad y una forma de estar y de ser que nos constituye: hacemos lo que somos, somos lo que hacemos.

A través del diálogo nos recordamos que nuestra decisión de vivir de modo más respetuoso con la naturaleza es un signo del cuidado que nos debemos a nosotras mismas y a las demás personas, que no no somos activistas sino creyentes y es la espiritualidad la que nos mueve. Las palabras del Papa nos dieron luz en nuestro caminar, Les hace falta entonces una conversión ecológica, que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana. (LS n.217).

Contamos para nuestra reflexión materiales de José Eizaguirre sobre una “alimentación consciente” y del grupo diocesano de Ecología Integral de la archidiócesis que organizó una webinar sobre “La cara oscura de los alimentos”

El domingo tuvimos una celebración en esta misma clave de reconocimiento de “tanto don recibido” no sólo en el inmenso regalo de la naturaleza sino de cada uno y una de nosotras, manifestación de la gracia sobreabundante de Dios. Reconocernos fruto de la gratuidad de nuestro Señor es lo que nos puede mover a cambiar nuestros estilos de vida, porque La espiritualidad cristiana propone un modo alternativo de entender la calidad de vida, y alienta un estilo de vida profético y contemplativo, capaz de gozar profundamente sin obsesionarse por el consumo. (LS n. 222)

Con esta actitud de agradecimiento terminamos nuestro 2º encuentro conscientes de que La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria.(LS n. 219)

Los mayores nos despedimos alegrándonos de haber salido de nuestra rutina para entrar en lo que ha sido un espacio de reencuentro profundo con nosotras y con la Tierra mientras los peques se quejaban pidiendo seguir en “este sitio tan chulo” y con una ropa que dejaba claro que se lo habían pasado divinamente.

Os esperamos en el próximo encuentro.

Manolo Sánchez Matamoros

CVX en Sevilla

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