En estos tiempos extraños de RR.SS. e Internet, aunque no exista evidencia alguna ni prueba empírica, científica o histórica que lo sustente, el 30% de la población española piensa que los extraterrestres ya han visitado nuestro planeta. Por otro lado, aunque la acumulación de evidencias y pruebas científicas que demuestran lo contrario sea abrumadora, un 4% de la ciudadanía afirma sin dudar que la Tierra es plana. En el bulo que hoy nos ocupa se unen las dos situaciones anteriores: no existe evidencia alguna de que la llegada de personas migrantes incremente la delincuencia y, por si fuera poco, estudios e investigaciones realizadas en multitud de países a lo largo de varias décadas desmienten también que la inmigración haya provocado un aumentado de la delincuencia en ninguno de los países analizados. Y, aún así, este bulo —que es el más antiguo de cuantos circulan respecto a las personas migrantes— seguía siendo válido para una buena parte de la población nacional (15,2%) que señalaba, en un estudio del CIS de 2017, que el aspecto más negativo que genera la inmigración en nuestro país es el incremento de la delincuencia y la inseguridad. Pero, si las personas migrantes son peligrosas delincuentes, como algunos afirman, ¿por qué les encargamos que cuiden de las personas más importantes de nuestras vidas (nuestros mayores y nuestros niños) y de nuestras posesiones más valiosas (nuestros hogares)?
Elisa García España, compañera de CVX, es doctora en Derecho, experta en Criminología, catedrática de la Universidad de Málaga e investigadora, desde hace treinta años, en temas como Extranjería, inmigración y delincuencia, Corrupción administrativa o Evolución de la delincuencia. Ella nos señala que un estudioso —Rumbaut— llama “ideas zombis” a los prejuicios contra la inmigración que, aún habiendo sido rebatidos y desmentidos por múltiples estudios e investigaciones, permanecen vivos en el imaginario popular como estereotipos que hunden sus raíces en las emociones más primarias —en este caso el miedo— haciéndose impermeables a la realidad. De esta forma, se convierten en prejuicios inmortales y resistentes a cualquier dato objetivo que los contradiga. Si, además, determinados pseudomedios de comunicación y perfiles de RR.SS. publican a diario infinidad de noticias falsas en las que se atribuyen todo tipo de actos delictivos a inmigrantes, la inmortalidad del bulo está servida.
Los más activos difusores de noticias falsas en RR.SS. pintan nuestro país como una especie de Salvaje Oeste sin orden ni ley en el que hordas de personas inmigrantes invasoras —que llegan en pateras luciendo en sus muñecas Rolex de oro y que no piensan en otra cosa más que en delinquir según pisan el territorio patrio— provocan que la tasa de criminalidad haya crecido enormemente a lo largo de los últimos años. Defienden a capa y espada que sus conclusiones las obtienen a partir de los datos oficiales del Ministerio del Interior. Lo que omiten, porque son expertos de la manipulación, es que, para que sus cálculos arrojen los resultados que desean, toman como punto de partida la tasa de criminalidad de 2020. Como es sencillo de comprender, con la inmensa mayoría de la población confinada en sus casas durante meses por el COVID-19 y con el despliegue policial que controlaba las restricciones a la movilidad, la tasa de ese año fue la más baja de la historia e inservible —por anómala— para hacer cualquier análisis de tipo estadístico a partir de ella. También omiten que, desde 2016, la práctica totalidad de los incrementos de la tasa de criminalidad se han debido, en exclusiva, a la llamada cibercriminalidad. Este término agrupa los delitos cometidos por medios informáticos a través de Internet, que casi se han quintuplicado desde ese año, y que han supuesto en 2024 el 19% del total de delitos. Lógicamente, no les interesa comentar esto último porque decir que las personas inmigrantes vienen a España para cometer delitos a través de Internet —que, de hecho, en gran parte se cometen desde fuera del territorio nacional— resultaría absurdo hasta para el más acérrimo militante antinmigraciones. Tampoco les interesa porque, si se excluyen estos delitos cibernéticos, la tasa de criminalidad convencional ha bajado un 16,33% desde 2010, hasta alcanzar en 2024 uno de los valores más bajos de la serie histórica —41,0 delitos por mil habitantes— que es, también, una de las tasas más bajas del mundo, bastante por debajo de la de países como Reino Unido, Bélgica, Alemania o Dinamarca. Esa notable reducción de la criminalidad convencional ha coincidido con un notable aumento de las personas inmigrantes que han decidido vivir aquí.
Ampliando la perspectiva al ámbito internacional, Olivier Marie y Paolo Pinotti publicaron a final de 2024 un trabajo en el que, entre otras cosas, analizaban la evolución de los homicidios en 55 países —España entre ellos— desde 1990 a 2019. Elegían el homicidio por ser un delito grave y un tipo penal común a todas las legislaciones sin apenas diferencias. Cruzando esos datos con los de la inmigración recibida en los mismos países, llegaban a la siguiente conclusión: mientras la proporción de población inmigrante había crecido en dos tercios, la tasa de homicidios se había reducido en un tercio, sin que en la mayoría de esos países se apreciasen grandes diferencias estadísticas. A este respecto, podemos añadir que España fue en 2022 el cuarto país con la menor tasa de homicidios de los veintisiete que formamos la UE y que entre 2000 y 2020 ha sido el tercer país con menos delincuencia de Europa. El nuestro es un país seguro.
Si dirigimos la mirada hacia EE.UU., donde con la excusa de garantizar la seguridad se pretende expulsar a millones de personas migrantes, los análisis de los datos en áreas metropolitanas no solo no sustentan esa política populista —que algunos quieren importar a nuestro país— sino que la contradicen. En 2018, Ousey y Kubrin analizaron 159 ciudades de EE. UU. entre 1980 y 2000 y constataron que, por término medio, las que habían experimentado un aumentó de población migrante vivieron un descenso de las tasas de delitos violentos. El equipo de Adelman había realizado en 2016 otro análisis similar en 200 áreas metropolitanas estadounidenses abarcando un período desde 1980 a 2016. Apreciaron que la disminución en la tasa de delincuencia había sido especialmente notable en aquellas ciudades y regiones con alta concentración de inmigrantes. Entre estas áreas se incluían Los Ángeles, las ciudades fronterizas de San Diego y El Paso, así como los centros urbanos de Nueva York, Chicago y Miami, redundando en la idea de que la inmigración es un factor de protección.
Si por un minuto nos ponemos en los zapatos de una persona inmigrante, sobre todo si ha llegado aquí de forma irregular, entenderemos que, de partida, no tenga demasiadas intenciones de meterse en líos, no vaya a ser que la detenga la policía y, además de una posible pena o sanción, pueda sufrir una expulsión, que convertiría en inútil todo el esfuerzo, incluso económico, que ella y/o su familia afrontaron para su viaje.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, es totalmente cierto que—como sostienen discursos antinmigración de personas algo más serias que los burdos propagadores de noticias falsas— si se toman los datos policiales y penitenciarios del Ministerio del Interior, la proporción de población extranjera extracomunitaria entre las personas detenidas, condenadas y encarceladas es bastante mayor que la de la población nacional. Esta sobrerrepresentación lleva a muchos a establecer esa relación directa entre inmigración y delincuencia que es complejo rebatir. Hay algunas claves para analizar la posible contradicción entre esto y todo lo dicho en los párrafos precedentes. Una de ellas es que estos datos de detenidos, condenados y encarcelados no se refieren específicamente a personas “inmigrantes” sino a “extranjeras extracomunitarias”. Por tanto, están incluidas aquellas que, sin vivir en España, han cometido el delito en nuestro país. Por ejemplo, implicadas en tráfico de drogas que han sido detenidas en frontera o en aeropuertos, implicadas en tráfico de objetos o vehículos robados hacia terceros países, detenidas por tráfico de personas, etc. Otra clave analítica que se puede mencionar es que los datos incluyen el total de personas detenidas y, en este caso, el número de personas extranjeras cuya detención no lleva a ninguna otra acción posterior es muy grande, por el posible sesgo policial que lleva a los cuerpos de seguridad a enfocarse en los que se consideran, a priori, como grupos de riesgo, junto con otros sesgos de tipo racial. La realidad es que mientras el 94% de nacionales detenidos es condenado, solo lo es el 65% de extranjeros detenidos, aunque el 100% entre en los datos.
Además de las claves anteriores, muchos de los estudios ya citados —incluidos los de nuestra compañera Elisa García España— apuntan también a que las personas extranjeras no reciben la misma atención por parte de la judicatura o de la abogacía que las nacionales, y que la prisión preventiva —con el argumento de que podrían evadirse con más facilidad— se emplea entre dos y tres veces más en casos que afectan a la población extranjera que en los que implican a la población autóctona.
Lo que sí que apuntan con absoluta claridad todos los estudios e investigaciones es que la integración de la población inmigrante es la clave fundamental para que cualquier sociedad funcione, y esto no depende tanto de quienes llegan como de quienes recibimos, y de las administraciones públicas que deben estar preparadas para que los sistemas de acogida e integración no colapsen y no condenen a la desesperanza y a la exclusión a quienes llegan a nuestro país buscando una vida mejor y, en muchas ocasiones, más segura que la que tenían en sus países de origen.
La seña de identidad propia de los populismos es que dan respuestas simplonas, inmediatas y viscerales a problemas complejos. Nosotros no queremos caer en eso y somos conscientes de que en apenas un par de páginas no se puede ventilar un tema tan complejo como la posible relación inmigración-delincuencia que muchos, animados por la ola “trumpista” que llega desde el otro lado del Atlántico, airean en discursos claramente xenófobos. Es por ello que nos hemos limitado a exponer algunas flagrantes contradicciones de quienes sostienen con más virulencia esa relación directa —propagando en redes todo tipo de infundios y falsedades contra las personas migrantes— y a aportar algunas ideas clave que se pueden contrastar y completar en estudios, investigaciones y trabajos académicos de personas y grupos que han dedicado muchos años a profundizar en este tema, y que os invitamos a conocer a través de los enlaces recogidos a continuación. Recordemos que la “conciencia bien formada” debe ser seña de identidad de todo cristiano responsable.
Equipo de misión Migraciones de CVX España
Notas y enlaces a los materiales empleados para la redacción del presente artículo:
- Deseamos aclarar, para rebatir discursos gravemente erróneos, que la entrada y permanencia en España de forma irregular no es una infracción penal (un delito) sino solamente una infracción administrativa.
- La fotografía que acompaña el artículo es obra de Sergi Cámara, a quien agradecemos profundamente el permiso para su publicación. La fotografía recoge el momento en el que un grupo de jóvenes de Costa de Marfil, en lo alto de la valla [del lado español] que les separaba de Europa, suplicaban clemencia a los cuerpos policiales españoles. A pesar de que ya se encontraban en territorio español, fueron devueltos de forma ilegal a Marruecos. En este enlace se puede acceder a parte del trabajo de Sergi Cámara.
- Agradecemos a nuestra compañera de CVX en Málaga, Elisa García España, su asesoramiento para la redacción del presente artículo, que recoge citas de sus trabajos profesionales de investigación sobre Delincuencia y migraciones.
- García España, Elisa, “Inmigración y delincuencia: la falacia de una sospecha”, en Boletín Criminológico, artículo 11/2024_30AÑOS_BC (N.º 233).
- Hein de Haas, “Los mitos de la inmigración. 22 falsos mantras sobre el tema que más nos divide”. Ed. Península. 15 de mayo de 2024.
- Juana Viúdez, “La inmigración crece, los delitos no: los datos de Interior rebaten la conexión entre más extranjeros y más delincuencia”. El País, 9 de septiembre de 2024.
- Olivier Marie and Paolo Pinotti, “Immigration and Crime: An International Perspective”. Journal of Economic Perspectives—Volume 38, Number 1—Winter 2024—Pages 181–200.
- Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), “Actitudes hacia la inmigración (X)”, Estudio nº 3190. Ministerio de Trabajo e Inmigración y OBERAXE (Observatorio Español del Racismo y la Xenofóbia). Septiembre 2017.
- Balance Trimestral de Criminalidad, Cuarto Trimestre de 2024 y Acumulado 2024. Ministerio del Interior. 2025.
- “La tasa de criminalidad se sitúa en el 48,8 al cierre de 2022”.Nota de prensa del Ministerio del Interior. 17 de marzo de 2023.
- Celia Hernando, “Datos contra la alarma del crimen en España, uno de los países más seguros”. El Orden Mundial. 15 de septiembre de 2024.
- Marta Oro-Pulido Miguel, “Los jóvenes de origen inmigrante en prisión: perfiles e historias de vida”. Colección Premios Victoria Kent. Premio Nacional Vitoria Kent Año 2019, Primer Accésit. Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, Ministerio del Interior. 2020.
- Estudio de la Fundación BBVA sobre creencias y prácticas alternativas. Fundación BBVA. 3 de febrero de 2025.


Felicidades por este análisis serio y claro sobre migración y delincuencia. Muy necesario, este vínculo está en gran parte de la sociedad española y nos faltan argumentos para dialogar sobre el tema. El artículo los proporciona.
Fantástico artículo. Enhorabuena equipo. Gracias por ayudarnos a profundizar y a tener elementos. Tiempos recios que necesitan más que nunca reflexión fundamentada .