Yo, Verónica, fuí la mujer que, durante el camino de Jesús hacia el Gólgota, se acercó a él con un paño para enjuagar su cara y limpiarla de sangre y sudor.
Nuestro planeta Tierra sufre, está herido y vencido. ¿Lo dejas por desahuciado o a su suerte o das un paso al frente y alivias sus dolores enjugando sus heridas?
Dios no quiere que nadie sufra sólo, quiere colocar a alguien cerca hasta en los momentos en los que todo parece que está perdido.


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