Estoy en la cruz, sufriendo el mismo destino que los dos hombres a mi lado. Sé que merezco este castigo, pero no puedo aceptar que Él, que dice ser el Mesías, no haga nada por salvarnos. La ira y la desesperanza me consumen, y en lugar de pedirle ayuda, le desafío. Me aferro a mi orgullo, a mi rabia, y dejo pasar la última oportunidad de mi vida.
¿Te has sentido alguna vez atrapado en la negatividad, sin querer ver una salida?
¿Cuántas veces tu orgullo te ha impedido pedir o aceptar ayuda o también perdón?


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