Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu… y junto a él todo lo que he vivido. Las personas con las que he compartido el camino hasta la cruz. Las risas y los llantos. Gracias, Padre, por haberme ayudado a anunciar el sueño que Tú tienes para la humanidad.
Hoy no es día de hablar. Hoy solo hay que contemplar a Jesús clavado en la cruz. Y, junto a Él, orar por todos los hombres y mujeres, en especial por aquellos que peor lo pasan, por los enfermos, por los que han perdido la esperanza… Calla y contempla


Gracias