” En ocasiones la imagen que tenemos de Dios no se ajusta a lo que Jesús nos revela del Padre. Un Dios compasivo, misericordioso que es sensible a cada una de sus criaturas es lo que nos muestra Jesús con sus gestos y sus palabras. Jesús se conmueve en las entrañas y es capaz de asumir y acompañar a quien está abatido, triste y sin horizonte” Toni Catalá.
Jesús lleva al máximo el despliegue de su humanidad a través de la compasión.
Así como el termómetro nos informa de la fiebre midiendo la temperatura, para estar informados sobre nuestro grado de humanidad, sería útil disponer de un sensor capaz de medir nuestro nivel de compasión, y pulsar, así, cómo estamos llevando a término la única misión que tenemos encomendada: ser compasivos. Una compasión que siempre tiene cabida y una forma de expresión en cada circunstancia vital, lugar y edad en que nos hallemos. La mirada de la trinidad al mundo que conduce a la encarnación o la parábola del Buen Samaritano nos ilustran sobre la dinámica de la compasión y su interiorización.
En primer lugar, la educación de la mirada: ver, más allá de mirar, para reconocer, el dolor, la necesidad ajena.
En segundo lugar, la educación de los afectos. Nada nos moviliza más que los afectos —basta con revisar qué hacemos con nuestro tiempo para tener un primer indicio de dónde se ubican nuestros afectos—. Ni los razonamientos, ni las ideologías nos enganchan por dentro como lo hacen los afectos. Es el afecto al hermano herido en el Buen Samaritano y el afecto a la humanidad en la Trinidad lo que desencadena la acción de “hacerse cargo”.
Pero la compasión siempre supone un coste, mayor o menor. En la parábola del Buen Samaritano se nos habla de uno de ellos: el coste económico de la posada. Si hiciésemos una extrapolación de la parábola, podríamos pensar, además, que el Buen Samaritano pudo llegar tarde a alguna cita por atender al herido, ser criticado, sufrir una pérdida de imagen o de un negocio a punto de ser cerrado. Se trata de la educación de la indiferencia, de la libertad, del desprendimiento para armonizar nuestras necesidades y las ajenas.
La Cruz fue el coste de la trinidad en Jesús, que recorrió el camino humano sobre la senda de la misericordia, mostrándonos cómo desplegar al máximo nuestra condición humana.
Carlos Erviti
Línea de misión espiritualidad CVX_e


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