Verano. Llega el tiempo de soltar, de relajar, de preparar la mochila o quizás de dedicar tiempo a mirar qué hay en el interior de la que cargamos a diario a ver si de verdad cargamos con lo necesario o vivimos con “exceso de equipaje”.
El verano es tiempo de movimiento, viajar aunque sea un trayecto corto. Viajar. Os proponemos dos viajes que sirven para todo el mundo, dos estilos de viaje que incluso sin vacaciones es posible realizar. Uno no tiene horarios de salida ni fechas, es un viaje a nuestro yo, a nuestro interior.
Un texto que he recibido y ayuda a enfocar:
“ Vacaciones conscientes ¿Y si este verano, más que escapar, eligiéramos cómo llegar?
Podemos hacer las maletas, tomar un tren, visitar nuevos lugares… y al mismo tiempo, no perdernos. Disfrutar de caminar en paz. Acordarnos de respirar. Sonreír incluso bajo un sol excesivo. Mirar con ojos nuevos, aunque sea el mismo mar.
Tal vez no se trata de dónde vamos, sino de cómo viajamos: con atención, con ligereza, con gratitud.
Elegir unas vacaciones conscientes es vivir el descanso en profundidad.
Soltar las prisas, redescubrir la pausa, estar presentes en lo que hacemos —aunque sea simplemente contemplar las olas, las formas de las nubes sobre el cielo, o compartir una comida.
¿Y si este año viajamos más ligero? Menos cosas, menos pantallas, menos emisiones. Más silencio, más presencia, más cuidado. Porque descansar también es un gesto de amor hacia la Tierra.
Este verano, en lugar de consumir más, podemos sembrar calma. En vez de acumular experiencias, podemos volvernos íntimos con lo simple. Porque no hay mayor destino que este momento, vivido con profundidad y ternura.”
“Descansar no es una pérdida de tiempo.
Es el alimento que necesitamos
para vivir con alegría.”
— Thich Nhat Hanh
Leer con calma es una de las actividades más agradables que puedes practicar en verano, cuando el calor no te deja hacer otra cosa durante un par de horas o tres. El mediodía es tiempo de quietud y lectura. Incluso las tardes, cuando te puedes dar permiso para no hacer ninguna otra cosa. Y si con la lectura puedes viajar, mejor. Así estoy. He visitado el Vaticano, Roma y ahora mismo estoy en Mongolia. Disfruto como si compartiera cenas o fuera con la maleta en compañía de los personajes de “El loco de Dios en el fin del mundo”. El libro de Cercas es un regalo y una oportunidad para viajar de otra manera. Sin desplazamientos, esperas o prisas.
En cualquier momento en que retomo la lectura, nuevas personas impresionantes van saliendo entre las páginas. Las conversaciones con o sin cenas incluidas me van abriendo los ojos a “locos de Dios” desconocidos para mí, como Annalena Tonelli, las historias de misioneros anónimos por todo el planeta o el segundo cura católico de Mongolia, Peter Sanjajav y, todas las personas que le mostraron a Jesús, o el Padre Ernesto. Regalan o regalaron su vida.
Las entrevistas, Antonio Spadaro sj, el amable poeta y cardenal Tollentino o el periodista Ruffini y tantos otros. Entre las líneas de cada conversación puedes respirar una espiritualidad que impregna la imagen que cada uno tiene de Francisco y que proviene en todos los casos del precioso encuentro de cada personaje con él, con la persona de Francisco. No deja indiferente. Y, entre personaje y personaje, van planteando realidades y sueños para la iglesia, pueblo de Dios.
Un último viaje. Con la oración. Hay lugares en el planeta donde el único viaje anhelado es para huir. No hay silencio para mirar en nuestro corazón, no hay silencio para descansar seguros. Podemos abrazarnos a tantas víctimas con el corazón.
Patricia Merín
Línea de misión Espiritualidad de CVX en España


Gracias