Incluso uno solo de estos pequeños

27 de septiembre de 2026

112ª Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas

”La protección es caminar junto a un niño a través del miedo, el dolor y la incertidumbre hasta que pueda ver posibilidades en lugar de barreras y comenzar a reescribir su propio futuro.”

(Doreen, JRS Uganda)

Cuando todavía resuenan en nuestros oídos los discursos de algunos políticos llamando, literalmente, a “cazar emigrantes uno a uno” tras los gravísimos acontecimientos de Ceuta de los pasados 30 y 31 de julio, nuestra Iglesia nos convoca a celebrar la 112ª Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas el próximo domingo, 27 de septiembre. Además, este año, insta a quienes creemos y seguimos al Crucificado y Resucitado a mirar con los ojos de Jesús a los más vulnerables entre los vulnerables: las niñas y niños emigrantes. Con los ojos de ese Jesús que, cuando sus discípulos intentan alejar a los niños del maestro, replica: “Dejad a los niños y no les impidáis acercarse a mí, pues el reino de Dios pertenece a los que son como ellos” (Mt 19, 14). El mismo Jesús que poco antes ha advertido a quienes le siguen diciéndoles: “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños. Pues os digo que sus ángeles en el cielo contemplan continuamente el rostro de mi Padre del cielo” (Mt 18, 10). El mismo que, mientras sus discípulos discutían sobre quién de ellos era el más importante, “acercó un niño, lo colocó junto a sí y les dijo: Quien acoge a este niño en atención a mí, a mí me acoge; y quien me acoge a mí, acoge al que me envió” (Lc 9, 47-48).

En estos pasajes se inspira el lema de esta jornada: Incluso uno solo de estos pequeños. Y el mensaje del papa León XIV es muy claro: estamos llamados “a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí (Mc 9, 37)”.

Pero aún se puede profundizar más en el lema de la jornada. En este mundo en que vivimos, plagado de números, cantidades y estadísticas, se nos invita a mirar a cada niña y niño migrante uno a uno. Frente a los discursos deshumanizadores —que bajo el uso malévolo y despiadado de un acrónimo como MENA pretenden criminalizar, discriminar, maltratar y abandonar a su suerte a menores desesperados— estamos llamados a contemplar la realidad individual de cada niña y niño; que tiene nombre, rostro, una historia y el sueño de crecer y desarrollarse como persona adulta en un lugar que le ofrezca más opciones que la violencia o la miseria que dejó atrás. Este 27 de septiembre, en nuestra oración dominical, podríamos, por un momento, ponernos en los zapatos de unos padres que, sabiendo que su hija o hijo no tendrá futuro alguno si permanece con ellos, viven el dolor inmenso e indescriptible de dejarles marchar o incluso animan y financian ese viaje incierto que puede costarles hasta la vida. ¿No apela todo esto a nuestra conciencia a la hora de mirar a la infancia migrante?

Y tras los acontecimientos de Ceuta, que han sacudido la normalidad de esa ciudad y han dejado a más de mil menores vagando sin rumbo, ¿cómo es posible que los católicos no nos alcemos a protestar contra unas administraciones públicas que han hecho del mirar para otro lado su seña de identidad o bloquean descaradamente cualquier posible solución por puro cálculo electoral? Unas administraciones que han abandonado tanto a las personas migrantes —víctimas de la manipulación por turbios intereses políticos o económicos que los empujaron engañados a cruzar la frontera— como a los propios ceutíes, víctimas de la situación sobrevenida y que solo pretenden seguir viviendo en paz. No olvidemos tampoco a las casi 150 personas que perdieron su vida en el intento desesperado de alcanzar a nado la ciudad. Los discursos xenófobos contra las personas migrantes podrán hacer ganar algunos votos a quienes los profieren a voz en grito pero en la realidad, como se está demostrando en Ceuta, no solucionan absolutamente nada.

Podríamos transformar el lema de esta jornada en: Incluso uno solo de estos pequeños de Ceuta.

Es imprescindible que en esta 112ª Jornada mundial de las personas migrantes y refugiadas leamos con mucha atención y oremos con los mensajes del papa León XIV y de nuestros obispos (os dejamos los enlaces a ambos y a otros escritos al final de este texto). Es básico que seamos capaces de mirar a la cara y a los ojos de cada uno de estos pequeños migrantes que —frente a quienes claman por “soluciones” que no solo vulneran nuestra propia legislación sino todos los convenios internacionales de protección de la infancia que nuestro país ha suscrito— son personas con derechos humanos inalienables que merecen respeto, atención y protección.

Podríamos terminar este domingo, 27 de septiembre, pidiendo a Nuestra Señora del Camino que ponga a las personas migrantes bajo la mirada amorosa de Jesús, su hijo, que vivió con ella y con José, siendo poco más que un bebé, el drama de la huída a un país extraño para salvar la vida.

Nuestra Señora del Camino.

Llénanos de paciencia y fortaleza, para seguir luchando por un mundo más unido y justo;

para ser nosotros mismos más auténticos y justos.

Llena con tu amor nuestros corazones, para que amemos y acompañemos a las personas migrantes que nos encontremos en el camino, para que sepamos luchar por su dignidad.

Llénalas a ellas de tu esperanza, para que no desfallezcan, y protege de manera especial a las niñas y niños migrantes y refugiados.

Recibe, por tu bondad, a tantas personas que perdieron la vida en el camino.

Señora, ponnos con tu Hijo, que es Camino, Verdad y Vida.

Amén

Línea de misión migraciones de CVX en España


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