Si te decimos que una milicia religiosa viene asolando el norte de Uganda y el sur de Sudán desde hace casi cuarenta años, sembrando el terror, provocando miles de muertos y casi dos millones de desplazados, es posible que hayas pensado que se trata de una milicia radical islámica, y te habrás equivocado. El “Ejército de Resistencia del Señor” es un grupo armado extremista cristiano fundado en 1987 que pretende instaurar un estado teocrático en esa región de África sobre la base de los Diez Mandamientos porque, según su líder y “médium espiritual”, Joseph Kony, Dios y el mismísimo Jesucristo se lo han encargado así. Para ello, desde entonces, además de las barbaridades ya comentadas, han secuestrado a casi 30.000 niñas y niños para convertirlos en soldados, sicarios o esclavos sexuales.
Al enterarte de que son cristianos, seguramente, y con razón, habrás pensado: “esos no son verdaderos cristianos y no representa al cristianismo”. Te invitamos a que cuando te enteres por las noticias de barbaridades cometidas por musulmanes radicales —que sabemos que los hay— pienses lo mismo: “esos no son verdaderos musulmanes y no representan al islam”.
Los que hemos tenido la suerte de compartir con hermanas y hermanos musulmanes alguna meditación interreligiosa —adorando al mismo Dios con distintos nombres— o la celebración de sus festividades religiosas o de las nuestras, sabemos que el islam es una religión que, al igual que la nuestra, llama a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Y es que la primera pata del bulo de la “invasión islámica” que hay que desmontar es la malintencionada asociación entre islam, radicalidad, extremismo y violencia que a través de las RR.SS. y pseudomedios de comunicación intentan colar —y muchas veces lo consiguen— grupos y partidos ultras y demás extremistas, racistas y xenófobos que, curiosamente, están dispuestos a usar la misma radicalidad y violencia de la que acusan a los demás para, supuestamente, defender nuestra patria, nuestra fe y nuestras costumbres cristianas llamando a la “caza del moro”, como si añorasen épocas medievales o el estado confesional del nacionalcatolicismo, que nos podemos felicitar de haber superado hace mucho tiempo.
Por otro lado, quienes nos alertan todos los días a voz en grito sobre la “invasión islámica” deberían aclarar el porqué les preocupa tanto el desembarco en nuestras costas de personas desesperadas que, huyendo de la miseria, la guerra, los desastres ambientales y las persecuciones, consiguen llegar vivas, después de atravesar el mar en cayucos o pateras en un viaje casi suicida y, sin embargo, no les preocupa nada en absoluto el desembarco en nuestros mercados financieros y nuestro tejido empresarial de fondos de inversión que, provenientes de Arabia Saudí, Dubái o Abu Dabi, y cargados de miles de millones de euros, se han hecho en los últimos años con grandes participaciones en empresas de todos los sectores económicos: energético, transporte, tecnológico, telecomunicaciones, inmobiliario, turístico e incluso deportivo. También deberían explicar el porqué no les inquieta en modo alguno el desembarco en jets privados, desde 2013 hasta ahora, de miles de familiares de adinerados jeques y mandatarios árabes que, aprovechando la “Visa de Oro”, han conseguido la residencia y se han asentado en España —y por tanto en el espacio Schengen— tras haber comprado casa al módico precio mínimo de 500.000 €, haber invertido más de 1.000.000 € en participaciones empresariales o más de 2.000.000 € en deuda pública española. Se ve que, para los profetas del odio, el musulmán con la cartera rebosante de euros no “invade” tanto como el pobre desesperado que llega en patera o cayuco. Si no aclaran estas cosas, queda claro que lo de la “invasión islámica” es una burda excusa para esconder su gran problema: el odio a los pobres –aporofobia– y la falta de solidaridad y humanidad hacia los más necesitados y vulnerables.
Centrándonos en los análisis estadísticos, cabe decir que vincular la inmigración con una supuesta “invasión islámica” resulta cuando menos insólito en un país como el nuestro, en el que la inmensa mayoría (más del 75%) de las personas inmigrantes que llegan de forma irregular no solo provienen de culturas cristianas sino que, además, hablan español desde que nacieron, ya que son latinoamericanos. Y es que, aunque la inmigración irregular esté asociada para muchas personas en nuestro país a las imágenes de intentos desesperados por saltar las vallas de Ceuta o Melilla, o a las imágenes de cayucos y pateras intentando llegar a puertos de Canarias o de la costa sur, el principal punto de entrada de inmigración irregular en España es el aeropuerto internacional Adolfo Suárez Madrid-Barajas. A él llegan cada día miles de personas como turistas —de países con necesidad de visado o de otros sin necesidad del mismo— que transcurridos 90 días pasarán a ser inmigrantes irregulares. Baste decir, como ejemplo más que curioso, que la tasa de irregularidad entre los estadounidenses y canadienses que viven en nuestro país casi triplica la media de irregularidad de todos los nacionales llegados de países de África.
Aunque los datos de la inmigración irregular son difícilmente contrastables por razones obvias, los cálculos de entidades, fundaciones, universidades y centros de estudios apuntan a que solo el 9,2% de todas las personas inmigrantes que se encuentran en situación irregular en España provienen de África y que menos del 5,6% de las que llegaron irregularmente a España entre abril de 2023 y abril de 2024 lo hicieron por Canarias, la costa sur o las vallas de Ceuta y Melilla. Este último dato supone, además, que los que llegaron en esos doce meses desde África no son ni el 0,06% de la población total de España. La verdad es que querer colar como “invasión islámica» el hecho de que entrasen, en un año, 6 personas por cada 10.000 habitantes, es un auténtico despropósito.
Y si ampliamos la perspectiva a la realidad mundial del fenómeno migratorio, el bulo de la “invasión islámica global” tampoco se sostiene ni un segundo. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM), analizando de forma exhaustiva datos de Banco Mundial de 2022 sobre las pequeñas transferencias de fondos recibidas en los diversos países del mundo desde ubicaciones fuera de sus fronteras, llegó a la conclusión de que las cinco naciones que más población tienen repartida como emigrantes regulares o irregulares por el resto de países son India, China, México, Filipinas y Egipto. Solo el último de esos países es mayoritariamente musulmán y no solo no es emisor de migrantes hacia Europa sino que es socio de la UE para el control exterior de sus fronteras.
Todas las afirmaciones y datos que recogemos en este artículo se sustentan en el material de trabajo que hemos empleado para su redacción. Si deseas acceder a él, leer los textos completos y profundizar en el tema, puedes hacerlo a través de los enlaces del siguiente listado. Que no te cuelen el bulo de la “invasión islámica” ni otros bulos sobre el fenómeno migratorio de los que hablaremos en próximos artículos. Sigamos dando testimonio de la verdad, siendo personas y comunidades acogedoras y misioneras con las personas migrantes y refugiadas, vengan de donde vengan.
Equipo de Migraciones de CVX España
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Nota y enlaces a los materiales empleados para la redacción del presente artículo:
- La llamada Visa de Oro o Goden Visa fue creada al amparo de la Ley 14/2013, de 27 de septiembre, BOE nº233, de 28/09/2013.
- Redacción de elEconomista.es. “Los fondos de Oriente Medio suben su pulso por las empresas españolas”, Madrid, 18/04/2024.
- Gonzalo Fanjul (Fundación porCausa) e Ismael Gálvez-Iniesta (Universidad Carlos III de Madrid). “Extranjeros, sin papeles e imprescindibles: Una fotografía de la inmigración irregular en España”, junio 2020.
- Juan Urías. “El problema de la inmigración”. Contexto y Acción (ctxt), 13/07/2024.
- Antonio Jiménez Barca. “El envenenado debate de la migración”. El País, 1/09/2024.
- McAuliffe, M. y A. Triandafyllidou (eds.), 2021. Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2022. Organización Internacional para las migraciones (OIM), Ginebra.


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