9 meses, 9 bulos: 3/9 – Las personas migrantes no quieren trabajar, no pagan impuestos, vienen a cobrar “paguitas” y son una carga para el estado

Vivimos en un mundo globalizado: llevamos en el bolsillo un móvil coreano o chino, conducimos un coche fabricado en Japón o Alemania, comemos espárragos o alcachofas cultivados en Perú, disfrutamos de bombones con cacao proveniente de Costa de Marfil, Ghana o Ecuador, nos comunicamos a través de una aplicación de mensajería o red social estadounidense o rusa, hacemos turismo a cualquier punto del planeta en pocas horas. Y, en este mundo abierto, hay quien se empeña en imaginar un país rodeado de altísimas vallas y sólidos muros, habitado solamente por españolas y españoles de pura cepa y con denominación de origen certificada. Un país supuestamente llamado a repetir pretéritas glorias imperiales. Un país completamente libre de personas migrantes que, según ellos, además de peligrosas y violentas, son vagas e indolentes. Y con estos “ideales” se presentan a las elecciones y reciben cuantiosos sufragios de ciudadanas y ciudadanos a los que, aún no compartiendo el programa que apoyan, debemos reconocer su coherencia por estar dispuestas y dispuestos a renunciar, como mínimo, al 10% de sus pensiones y demás prestaciones sociales; a vivir una carestía crónica de productos básicos —sobre todo agrícolas— que dejaría en pañales a las que se vivieron durante la dolorosa época de la pandemia y que acarrearía subidas estratosféricas de los precios de alimentos de primera necesidad; a renunciar a parte o a la totalidad de sus jornadas laborales para cuidar a sus mayores o a sus pequeños; a ver agravado hasta el extremo el problema de la vivienda porque los plazos de ejecución de las obras se dilatarían enormemente y con ello se multiplicarían los costes de construcción… ¿¡O es que nadie les ha contado que esas serían, entre otras, algunas de las repercusiones inmediatas de llevar adelante esa pesadilla tan “patriótica” de hacer de nuestro país un territorio libre de inmigrantes!?

Las elecciones presidenciales de EE.UU. las ha vuelto a ganar Donald Trump con un duro discurso dirigido principalmente contra los inmigrantes y anunciando expulsiones masivas como nunca se han vivido en ese país. Menos de dos semanas después de su victoria, como se hacía eco El País, se reunían empresarios vinculados al partido republicano, al demócrata y a su propia campaña electoral para decirle que lo de las deportaciones masivas había quedado muy bien como lema de campaña, pero que no se le ocurriese llevarlas adelante porque acarrearían costes inasumibles y efectos devastadores para los sectores agrícola y de servicios de ese país y lo conducirían a una grave crisis económica. Y es que la fuerza laboral de las personas migrantes, tanto en EE.UU. como aquí, soporta en gran medida esos dos sectores económicos.

Ya en 2022, los periodistas Antonio Jiménez Barca y María Martín, también en el diario El País, hicieron un recorrido por lo que sería un día en España si, de repente, desapareciesen las personas inmigrantes que viven aquí. Comenzaría con un notable colapso en Mercamadrid, donde no sabrían qué hacer con la fruta, porque “la inmensa mayoría de los hombres que apilan, cargan, catalogan y ordenan las 6000 toneladas de frutas y verduras que se mueven diariamente son inmigrantes”. Continuaría en una Barcelona casi sin taxis, cafeterías, bares, restaurantes o limpieza y con la paralización de la construcción en casi todo el país, que afectaría especialmente a Navarra, donde un tercio de las personas ocupadas en el sector son inmigrantes. A mediodía, más de un millón de personas dependientes no habrían podido, en muchos casos, siquiera levantarse de la cama, porque el 90% de quienes las cuidan, sobre todo mujeres, son inmigrantes. A esa misma hora casi nadie podría comer fuera en Valencia, Cantabria, Castilla León, Galicia o Canarias porque el porcentaje de empleo inmigrante en la hostelería de esas comunidades autónomas se mueve entre el 17 y el 40%. Ya por la tarde, en lugares como El Ejido, con el 70% de la mano de obra agrícola inmigrante, no se habría llevado adelante ninguna labor en todo el día en las inmensas extensiones de invernaderos del “mar de plástico” y, por la noche, muchos barcos pesqueros no podrían salir a faenar con sus tripulaciones mermadas por la ausencia de los inmigrantes que trabajan en ellos. Y no, esos puestos de trabajo no serían cubiertos de forma inmediata por nacionales —como detallaremos en el artículo del próximo mes— porque las duras condiciones de trabajo, las largas jornadas y los raquíticos salarios no los hacen atractivos.

Llegados a este punto, debemos afirmar tajantemente que las personas inmigrantes trabajan, y mucho, por lograr, como cualquier persona trabajadora, una mejor calidad de vida para ellas y sus familias. Además, como hemos visto, son una pieza clave en la fuerza laboral que genera riqueza para nuestro país.

A este respecto, el pasado 6 de noviembre, el diario The Telegraph publicaba un artículo con el titular “El milagro económico que se convirtió en la envidia de Europa” en el que se preguntaba cómo es posible que la economía española haya crecido en los últimos dos años a un ritmo que casi cuadriplica la media de la Eurozona, que es incluso superior al crecimiento de los EE.UU. y que ha convertido a nuestro país en el “motor del crecimiento en Europa” mientras Alemania —que hace años era la economía que empujaba el crecimiento en la UE— vive un estancamiento que ha hecho que se la considere “el enfermo de Europa”. Y, según los analistas económicos entrevistados, la razón no es únicamente el incremento del turismo —que genera dificultades en algunas ciudades— sino que, frente al invierno demográfico que están sufriendo todos los países desarrollados, la población española ha vivido un incremento gracias a las personas inmigrantes que, sobre todo desde los países hermanos de Latinoamérica, han decidido establecerse aquí. Nuevos habitantes que, convertidos en fuerza laboral, se han empleado en los puestos de trabajo creados en el sector servicios y que, a su vez, se han convertido en consumidores que contribuyen a dinamizar todo el resto de sectores de nuestra economía porque, como todos los demás, también comen, se visten, usan los medios de transporte, estudian, buscan vivienda y, cuando pueden, disfrutan de sus momentos de ocio. Además, no son pocas las personas inmigrantes que deciden crear sus propias empresas y negocios.

Quienes ofrecemos nuestro tiempo y ayuda a personas migrantes sabemos que, para ellas, trabajar es una obsesión desde el momento en el que ponen los pies en nuestro país porque, entre otras cosas, viven la enorme presión de tener que enviar dinero a las familias que han dejado atrás en sus lugares de origen. Es más, en muchas ocasiones nos cuesta una barbaridad convencerlas de que, antes de plantearse un trabajo en condiciones precarias o directamente de explotación, dediquen tiempo a formarse para poder acceder al mercado laboral con mayores garantías. Capítulo aparte merece la dura situación de muchas personas inmigrantes que, con formación media o superior en sus países de origen, deben enfrentarse a un inmenso laberinto administrativo, esperando incluso años a que se produzca la convalidación de sus titulaciones para poder ejercer el oficio para el que se formaron. Mientras esperan, aceptan puestos de trabajo para los que están sobrecualificadas. El problema de la sobrecualificación, endémico del mercado laboral español, se ceba especialmente con el colectivo de personas extranjeras.

Y, por mucho que algunos se empeñen en pregonar bulos, las personas inmigrantes pagan el IVA y los demás impuestos indirectos, como todo hijo de vecino, cada vez que compran cualquier bien o contratan cualquier servicio. Además, si han podido regularizar su situación administrativa, tienen en sus nóminas el mismo descuento por el IRPF que cualquiera y han de presentar, si están obligadas, la declaración anual. También, como cualquier empleado o autónomo, pagan las cotizaciones a la Seguridad Social. Ninguna ley en España les libra de las obligaciones tributarias ni les exime de las cotizaciones. De hecho, atendiendo a estudios desarrollados sobre la base de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE, la contribución fiscal neta —suma de aportaciones en impuestos y contribuciones sociales menos transferencias y ayudas públicas recibidas— de las personas migrantes es, de media, un 75% mayor que la de las personas de nacionalidad española. La razón fundamental es que, al ser la población migrante mucho más joven que la nacional, la percepción de pensiones por jubilación, invalidez, incapacidad o discapacidad es muy baja.

Y no, en España no existe ninguna “paguita” ni ayuda social ni reserva de vivienda o de trabajo para las personas inmigrantes. Aquellas que tienen residencia legal en nuestro país pueden acceder al sistema público de protección social en las mismas condiciones que cualquier otro ciudadano, sin que en ninguno de los baremos de adjudicación haya criterio alguno que pueda beneficiarlas solo por el hecho de ser extranjeras. Aquellas en situación irregular no pueden acceder a ningún tipo de ayuda porque para el sistema, simplemente, no existen. Solo el País Vasco dispone de una Renta de Garantía de Ingresos (RGI) para cualquier persona vulnerable, ya sea nacional o extranjera, que también pueden solicitar migrantes en situación irregular si demuestran una residencia continuada de tres años en un municipio vasco aunque no tengan aún el permiso de residencia legal en nuestro país. Esto último, como señala el Informe Anual 2023 sobre la Situación del las Personas Migrantes y Refugiadas en España realizado por el Foro para la Integración Social de los Inmigrantes y editado por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, desmiente tajantemente el bulo de las “paguitas” porque, si fuese cierto que las personas inmigrantes no quieren trabajar y solo buscan vivir de “paguitas”, el País Vasco sería destino favorito para ellas y no es así. El País Vasco es una de las siete autonomías que menos migración recibe.

Difícilmente se puede sostener que las personas inmigrantes sean una carga para el Estado cuando los datos oficiales demuestran que suponen casi el 13% de los cotizantes a la Seguridad Social, aportan más del 10% de los ingresos y solo suponen el 1% del gasto. Aportan diez veces más de lo que reciben. Los cristianos no podemos quedar impasibles ante bulos y mentiras que pretenden atacar a las personas más desarraigadas y vulnerables. El mismo Jesús nos recuerda, y lo leemos en el texto de Mateo: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era inmigrante y me acogisteis”.

Equipo de misión Migraciones de CVX en España

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Nota y enlaces a los materiales empleados para la redacción del presente artículo:

Fotografía de Alberto Di Lolli. Agradecemos profundamente el permiso del autor para su publicación.

Patricia Caro. “Empresarios, republicanos y demócratas, advierten a Trump sobre el desastre económico de una deportación masiva”, El País, 18/11/2024.

Antonio Jiménez Barca y María Martín. “Un día sin inmigrantes”. El País, 13/08/2022.

Eir Nolsøe. “The economic miracle that became the envy of Europe”. The Telegraph, 11/06/2024.

Gonzalo Fanjul (Fundación porCausa) e Ismael Gálvez-Iniesta (Universidad Carlos III de Madrid). “Extranjeros, sin papeles e imprescindibles: Una fotografía de la inmigración irregular en España”. Fundación porCausa, junio de 2020.

Ramón Mahía Casado y Eva Medina Moral, profesores de Economía Aplicada, Universidad Autónoma de Madrid: Informe sobre la Integración de la Población Extrajera en el Mercado Laboral Español. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia y cofinanciado por la Unión Europea a través del Fondo de Asilo, Migración e Integración, 2022.

Laura Morales (Sciences Po, CEE, LIEPP, CNRS), Mónica Méndez Lago (Centro de Investigaciones Sociológicas), Santiago Pérez Nievas (Universidad Autónoma de Madrid), Irene Palacios (Universidad de Murcia y Universidad de Cambridge), Carles Pamies (Universidad Nacional de Educación a Distancia) e Irene Sánchez Vítores (Universidad Rey Juan Carlos de Madrid). Las encuestas a población migrante en España 2000-2021. Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, 17/10/2022.

Situación de las Personas Migrantes y Refugiadas en España – Informe anual 2023 – La situación de la población inmigrante en 2023. Foro para la Integración Social de los Inmigrantes – Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, 2024.

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