Fin de semana del Equipo del Reloj de la Vida en Endrinal, 27 Y 28 de septiembre 2025
Hace un par de fines de semana, el Equipo Nacional del Reloj de la Vida celebró su encuentro en Endrinal, un pequeño pueblo serrano de la diócesis de Salamanca. Allí, en un lugar recóndito y sencillo, pudimos experimentar lo que tanto nos enseña la espiritualidad ignaciana: que Dios se manifiesta en lo concreto de la vida, en lo pequeño y en lo humilde, allí donde casi nunca pasa nada.
Llegados desde distintos lugares de España —Asturias, Zaragoza, Barcelona, Alicante, Valencia, Sevilla, Pamplona y Salamanca— nos acogió la casa familiar de Elena y Toño, donde compartimos convivencia fraterna. La llegada no pasó desapercibida: dos vecinas se acercaron a preguntar qué sucedía, sorprendidas por ver tantos coches frente a la casa. Ese gesto curioso y cercano fue un signo de cómo, en el ámbito rural, todo acontecimiento se vive con comunidad y proximidad.
El encuentro se desarrolló en dos momentos. El primer día lo dedicamos a la revisión, evaluación y programación de nuestro caminar como equipo, en un clima de discernimiento comunitario. El segundo día fue un espacio de formación en el módulo “Los errores de nuestra vida”, centrado en cómo acompañar a personas que atraviesan momentos de sufrimiento. A esta jornada se unieron el Delegado de Pastoral Penitenciaria, dos trabajadores de Cáritas del centro penitenciario de Topas, y dos compañeras de CVX Salamanca, vinculadas al servicio en el ámbito penitenciario y en la salud mental. Fue un tiempo de escucha, de compartir miradas comprometidas y de dejarnos interpelar por las realidades más frágiles.
Desde el Equipo Nacional del Reloj de la Vida queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a la Asociación de Mayores Cristo del Humilladero de Endrinal, que nos abrió generosamente las puertas de su local, y al grupo de manualidades de las antiguas escuelas, que nos cedió la biblioteca. En estos espacios sencillos, llenos de vida cotidiana, se hicieron posibles nuestras reuniones y trabajos en grupo, recordándonos que la misión compartida nace siempre de la hospitalidad y la confianza.
No podemos olvidar al sacerdote del pueblo, que, tras celebrar la eucaristía, salía “pitando” a otros pueblos de la comarca donde le esperaban. Su disponibilidad y entrega son un ejemplo de servicio callado y generoso en medio del mundo rural, donde la fe se mantiene viva en comunidades pequeñas pero llenas de fidelidad.
Queremos destacar, además, la importancia del encuentro presencial. A lo largo del año, las pantallas y las conversaciones online nos permiten avanzar con eficacia en nuestro trabajo, pero necesitamos también vernos, abrazarnos, mirarnos a los ojos, compartir silencios y sentir nuestras emociones juntos. Hemos sido creados para la relación, y es en la relación donde reconocemos nuestra humanidad, nuestro ser comunidad y nuestro ser cuerpo apostólico en misión.
La espiritualidad ignaciana nos invita a buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Y este fin de semana lo hemos hecho: en la acogida generosa, en el discernimiento compartido, en la formación vivida juntos, y también en el paseo final por la zona de Entresierras, entre rocas milenarias y huellas de antiguos pueblos, donde sentimos el peso de la historia y la ligereza del Espíritu que nos envía.
En Endrinal hemos vivido lo que somos como CVX: un cuerpo apostólico laico, en misión, disponible para salir de lo urbano y acompañar lo rural, en comunión con otros y al servicio de quienes más lo necesitan. Allí comprobamos una vez más que en lo pequeño habita la grandeza, y en lo humilde se revela la hondura del Amor de Dios.
Elena Guzmán
Reloj de la vida




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