Hoy 3 de septiembre recordamos a Santa Febe

Desde la línea de misión Mujeres en diálogo de CVX en España, ya nos vienen invitando durante esta semana a acercarnos a Santa Febe, y nos invitaban hace unos días a participar en el día de hoy en una celebración online para recordarla.

Hoy, nos comparten una oración y una breve reflexión, que pueden seguir dándonos luz y acercándonos a esta mujer, discípula, diaconisa y colaboradora de Pablo. Su testimonio nos invita a reflexionar sobre las vocaciones femeninas y sobre una Iglesia en la que todos podamos poner nuestros dones al servicio del Evangelio.

Santa Febe nos invita hoy a preguntarnos: ¿qué Iglesia estamos llamado/as a construir? Una Iglesia que escucha, acoge, sirve y sale al encuentro. Que el poder del amor nos impulse a derribar fronteras y a compartir la Buena Nueva.

Oración a Santa Febe
Por Elizabeth Young, RSM

Dios de la Visión,
Tú ves más allá de nuestros horizontes y ensanchas nuestras tiendas.
Tú nos conduces a la comunión, participación y misión.
Inspirándonos en Santa Febe, nuestra Diácona antecesora en la fe,
que escuchemos los clamores de los que sufren,
discernamos nuestra respuesta con el Espíritu Santo,
y salgamos al encuentro en ministerio
para compartir la Buena Nueva con toda la creación.
Que proclamemos tu Reino,
en el que todos son familia
y recibidos con sanación y esperanza.
Que nuestra Iglesia guíe y sirva
en el espíritu de Jesús,
quien levantó a los oprimidos.
Dios de la Visión,
ilumina el camino para que todos brillen.
Santa Febe, ruega por nosotros.

¿Cuándo sabremos que tenemos suficientes diáconos?                                                  

Por Irma Wyman, 1928-2015

Cuando se satisfagan todas las necesidades de los marginados y vulnerables. 

Cuando sea habitual reunir los dones de la iglesia y llevarlos al mundo — y reunir las necesidades del mundo y llevarlas a la iglesia. 

Cuando los diáconos, yendo de un lado a otro, hayan desgastado las líneas de separación que usamos para mantener la iglesia y el mundo separados. 

Cuando los diáconos, guiando a los bautizados dentro y fuera, hayan abierto un camino entre el altar y la calle para que todos vean la conexión entre la Sangre en nuestro cáliz y la sangre en nuestras calles. 

Cuando todas las personas respondan al desafío de vivir, no en el amor al poder sino en el poder del amor. 

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