Acompañar desde la cercanía: Una experiencia en el área de migraciones.

Hace cuatro años que llegué a la Comunidad Padre Arrupe (CPA), y me atrajo profundamente un proyecto que se llamaba Baobab, en el que se compartían distintas dinámicas con chicos migrantes africanos. Desafortunadamente, por falta de compromiso dentro de nuestra comunidad, el proyecto se fue apagando. Sin embargo, quedó en mí el deseo de involucrarme en esta área de migraciones.


Nuestra comunidad, CPA, es una comunidad de jóvenes adultos que ha ido evolucionando con el tiempo. Muchos de los pilares fundamentales que siempre han sostenido CPA están ahora inmersos en el camino de la maternidad y la paternidad, como es el caso de mi compañera María, que antes formaba parte activa del área de migraciones. Eso me hizo ver con claridad cómo los más jóvenes tenemos que empezar a tomar las riendas de la comunidad. Porque si algo he aprendido estos años en CVX es que no hay otra forma de construir comunidad que no sea desde el compromiso.


Me ofrecí entonces como voluntaria para ser el contacto entre CVX y la organización Pueblos Unidos. Me reuní con ellos y me invitaron a conocer el recurso de emergencia donde acogen a siete jóvenes migrantes. Este recurso se encuentra en los locales de la Iglesia de San Ignacio de Loyola, en el barrio de Ventilla, donde la comunidad CPA desarrollamos una labor de implicación activa desde hace años. Además, CPA está implicada económicamente en el proyecto, realizando donaciones trimestrales para que desde el recurso de emergencia puedan comprar frutas y verduras frescas, así como recargar el abono de transporte de Madrid para los usuarios del recurso.


Allí, estos siete chicos —actualmente de Colombia, Perú, Venezuela, Argentina y Honduras— conviven en un espacio seguro mientras se regulariza su situación. Algunos comparten habitación, otros tienen una para ellos solos. Lo que más me sorprendió fue ver lo jóvenes que eran: estudiantes o trabajadores (la mayoría en el área de hostelería), chicos que bien podrían estar compartiendo un piso cualquiera en Madrid, pero que han pasado por situaciones inimaginablemente duras y han estado al borde de situación de calle.

En la primera cena que compartimos con ellos, acudimos varias personas de CPA y Jorge, el trabajador social de Pueblos Unidos que coordina el proyecto. Hicimos un juego de «verdades y mentiras» para romper el hielo y conocernos mejor, y compartimos la comida que habíamos preparado desde casa. Fue una noche muy cercana en la que empezamos a ponernos nombres y caras, y a vislumbrar, a través de pequeñas anécdotas, la “maleta” emocional que cada uno de estos chicos carga.


En la segunda cena, ya sin la figura de Jorge, la conversación fluyó de otra manera. Desde CPA llevábamos preparados algunos juegos por si hacía falta dinamizar la velada, pero no fueron necesarios: los chicos no paraban de compartir. Nos contaron sobre sus familias, sus países y ese realismo mágico tan característico de su cultura que, a nosotros en Europa, nos asombra tanto. Nos hablaron de sus estudios actuales, de sus prácticas en restauración y surgieron las ganas de planear un próximo encuentro. El tiempo voló y, sin darnos cuenta, ya era hora de compartir la cena.


Estos encuentros nos han servido no solo para aprender sobre el proyecto de Pueblos Unidos y comprender cómo funciona este recurso de emergencia, sino sobre todo para conocer a las personas que lo habitan. Personas que comparten con nosotros el barrio de Ventilla y que ahora entendemos un poco más las historias tan complejas que los han traído hasta aquí. Personas a las que queremos acompañar en su camino. Desde la fe, desde la escucha, desde la fraternidad. Porque nadie debería caminar solo.


Emma Díaz
CVX Padre Arrupe en Madrid

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