Encuentro Mundial de Jóvenes CVX-CLC en el Jubileo de Roma: Peregrinos de la Esperanza

Me llamo Marta, tengo 30 años y soy de Madrid. Pertenezco a la comunidad Padre Arrupe desde hace seis años y este verano he participado con CVX en el Jubileo de Jóvenes en Roma cuyo lema es “Peregrinos de Esperanza”.

Recuerdo en una charla, hace un par de años que plantearon al auditorio cuáles son las diferencias entre un turista y un peregrino: la planificación, la vestimenta, el equipaje… Para mí, la más llamativa era la actitud, la cual está bastante relacionada con la esperanza. Si buscamos esperanza en el diccionario, se define como el estado de ánimo que se presenta como alcanzable lo que se desea.

  La esperanza de un turista es cumplir con todo lo planeado. En Roma observaba a la gente haciendo fotos prácticamente cada segundo a todo sin realmente valorar lo que había delante. Indudablemente el turismo, tiene sus momentos buenos de disfrute y aprendizaje, pero al terminar el viaje, esas imágenes quedan al final de la galería y cuando vuelves a ellas no recuerdas la razón de la foto o incluso carece de sentido.

En cambio, la esperanza del peregrino, es llegar al destino, pero dando importancia al camino. Requiere una planificación flexible, abierta a la sorpresa y una mirada más allá. Apuesta por la sencillez y por supuesto que se sacan fotos, pero algunas son más especiales porque las guardan más el corazón que la visión. Experiencias como el camino de Santiago o MAGIS con JMJ, me han permitido vivir ese sentir y gustar del peregrino. Recuerdo que volviendo en autobús de Lisboa le decía a mi marido: “Qué pena. Esta es la última JMJ porque a Corea 2027 no creo que lleguemos”. Pero, como dice el dicho: “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes”.

Y así fue, pues este verano había dos invitaciones en los planes de Dios: entrar en el equipo Nacional de Jóvenes CVX y participar en el Jubileo de Jóvenes de Roma con un grupo de jóvenes de CVX de todo el mundo. Acepté esta llamada y aunque, por un lado, sentía muchos nervios e inseguridad por si estaría preparada; por otro me sentía enviada y acompañada por muchas personas de mi comunidad local, nacional y mi nuevo equipo.

El primer encuentro en Roma fue en la residencia de la iglesia de San Ignacio donde nos recibieron Daphne e Inji, miembros del Equipo Mundial de CVX y acompañantes junto al padre Gunhar (Asistente de CVX Munich) y el padre Oliver (con tantas ganas como años). Como llegué al mismo tiempo que Amanda (CVX Hong Kong); Francisca y Kika (CVX Portugal), la mejor forma de romper el hielo fue dar un paseo por la ciudad.

A la tarde, habían llegado la mayoría de peregrinos de CVX y tras presentarnos, hicimos una actividad de empatía compartiendo nuestra experiencia como jóvenes de nuestro país en CVX. La variedad estaba asegurada: Filipinas, Zimbawe, Polonia, Kenia, Estados Unidos, Chile, Malta… Catorce nacionalidades distribuidas en un grupo de 22 personas. Sin embargo, era muy sorprendente ver que teníamos dificultades y necesidades muy parecidas a pesar de la distancia. Verdaderamente, ha sido un regalo la convivencia en este grupo en el cual hemos compartido vida, reflexionado, rezado y discernido juntos qué acciones podíamos realizar en los distintos niveles de nuestra comunidad (local-nacional-regional-mundial).

Pero estos días no han sido sólo para hablar de CVX, también hemos acudido como movimiento laico a los eventos del Jubileo cruzando las puertas santas, haciendo talleres, yendo al concierto de Cristóbal Fones, en la plaza de San Pedro con la misa inaugural y la vigilia en Tor Vergata con el papa León XIV. Hemos tenido la gracia de verle muy cerca y reflexionar sobre sus palabras. Muchos me preguntaron a mi regreso por él y pienso que es un hombre que da mucha paz y de mirada tierna. Quiere transmitir mensajes claros y debemos darle tiempo, espacio y dejar de compararle, que fue la sensación que tenía al conversar con otros peregrinos.

El 31 de julio también celebramos la fiesta de San Ignacio de Loyola uniéndonos a la familia ignaciana en la iglesia del Gesú. Fue una experiencia tan bonita como nuestra última misa que en la habitación donde vivió y murió San Ignacio. Como decía en los vídeos de Instagram, era inevitable emocionarse porque vivimos la espiritualidad ignaciana como un regalo y más aún compartiéndolo con personas de todo el mundo.

¿Y qué ha supuesto para mí esta experiencia?

En primer lugar, descubrir vivencialmente la dimensión mundial de CVX-CLC, no solo por el intercambio cultural y lo que nos diferencia; también por lo que nos une: ser un cuerpo apostólico en misión, con el deseo de construir el Reino de Dios optando primero por los más pobres. Ha sido increíble ver a Dios en los rostros de los compañeros, nuestros acompañantes, los jesuitas que nos acogían, otros peregrinos…

A nivel comunitario, fuimos recogiendo por regiones varios frutos. Una necesidad que coincidía en varias regiones, era mejorar la comunicación de las delegaciones jóvenes tanto hacia afuera con las Redes sociales como habíamos hecho durante el Jubileo; como hacia dentro llevando estos frutos de lo nacional a lo local. Asimismo, vimos como positivo realizar actividades intercomunitarias dentro de la misma ciudad o vis a vis dentro de la misma comunidad porque nos reta a romper la burbuja que a veces “auto-creamos” y se refuerza el sentimiento de pertenencia a algo más grande que nuestro grupo pequeño.

Por otro lado, con este encuentro hemos “recargado nuestras pilas” y nuestras ganas de colaborar y estar presentes en las diferentes actividades que se ofrezcan para jóvenes de espiritualidad ignaciana ya sean de MAGIS, la MEJ u otras órdenes religiosas. Es vital la cooperación e incluso nosotros mismos podríamos liderar alguna experiencia como hicimos para MAGIS en la JMJ de Lisboa. En conclusión, nos sentimos llamados a encontrarnos más y compartir más vida juntos.

A nivel personal, admito que tenía cierto reparo porque comparaba mi experiencia con otras JMJ y temía ser la mayor del equipo. Sin embargo, Dios siempre vuelve a sorprender y, por otra parte, al participar en los eventos grandes de Iglesia, me daba cuenta de que estaba viviendo mi fe de una forma más madura a las anteriores JMJ. Por eso en el examen del día, aunque estuviese agotada, siempre agradecía a Dios todas esas “invitaciones” y las personas que ha puesto en mi camino para que este envío fuese posible.

Marta de Pablo

CVX-CPA en Madrid

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