Viernes, 10 de abril de 2026. Un encuentro está comenzando a tomar forma en Salamanca, en el CES San Ignacio. Viene gente de distintos lugares: Valladolid, Madrid, Pamplona, Sevilla, Zaragoza, Alicante, Jaén… ¡hasta de Portugal! Objetivo: compartir la vida, las preocupaciones, las expectativas, el camino recorrido y el que va vislumbrándose hacia el futuro como acompañantes. Objetivo: formarse. Objetivo: profundizar en un tema que tiene que ver con los Ejercicios, con la vida cotidiana, con lo que somos y con lo que estamos llamados a ser. Objetivo: encontrarnos, no solo físicamente, sino también psicológica, afectiva y espiritualmente. Es decir, desde lo que somos. Como individuos. También como grupo. Los encargados de facilitar semejante tarea fueron Luis María García Domínguez, Vicente Aznar y Pedro Mendoza. Vaya por delante hacia ellos mi agradecimiento.
El tema propuesto en este XVIII Encuentro de EVD fue el de los afectos en los Ejercicios. Como nos recordó Luis María, los afectos ocupan un lugar central en el dinamismo de la vida espiritual. No se trata simplemente de emociones pasajeras, sino de movimientos interiores profundos —amor, deseo, temor, consolación, desolación— que configuran la relación del ejercitante con Dios y orientan su libertad hacia la elección del bien.
Pedro Mendoza, en la mañana del sábado, se centró en el hecho de que Ignacio parte de una antropología unitaria: el ser humano no es solo razón ni solo voluntad, sino también afectividad. Por eso, el camino espiritual no consiste en reprimir los afectos, sino en ordenarlos. En el Principio y Fundamento aparece ya esta clave: el ser humano está creado para «alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor», y todo lo demás debe ayudar a este fin. Los afectos, por tanto, han de ser purificados de apegos desordenados para que se orienten hacia Dios.
Así, partiendo de las características propias de las diferentes personalidades que nos conforman como humanos, Pedro sugirió distintas formas de acompañar cada estilo de personalidad. No es tarea fácil comenzar situándose donde se encuentra cada persona, pero tampoco lo es ser espejo y luz en el camino; sobre todo, cuando los acompañantes también proyectan en el proceso sus afecciones, estén ordenadas o desordenadas.
En la tarde del sábado, Luis María se ocupó de centrar la cuestión de las afecciones desordenadas en las distintas semanas de Ejercicios. Así, por ejemplo, durante la Primera Semana, el trabajo afectivo se centra en el dolor por el pecado. Ignacio busca que el ejercitante no solo entienda intelectualmente el pecado, sino que lo «sienta internamente». De ahí la importancia de la petición: «dolor y lágrimas por mis pecados». El afecto aquí es contrición, vergüenza, confusión ante el amor de Dios rechazado. Este movimiento no es morboso, sino sanador: rompe la indiferencia y abre el corazón a la misericordia.
En la Segunda Semana, los afectos se reconfiguran en torno a la persona de Cristo. A través de la contemplación de los evangelios, Ignacio pretende suscitar un conocimiento interno del Señor «que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga». El afecto dominante es el amor, pero un amor concreto, encarnado, que mueve a la imitación. Aquí aparece también la importancia de la «consolación», entendida como todo aumento de fe, esperanza y caridad. La consolación orienta y confirma el camino; no es mero bienestar psicológico, sino experiencia espiritual que atrae hacia Dios.
Un elemento clave en todo el proceso es el discernimiento de espíritus. Ignacio enseña a distinguir los movimientos afectivos que vienen de Dios de aquellos que nos apartan de Él. Los afectos no son neutrales: pueden ser lugar de encuentro con Dios o de engaño. Por eso, el ejercitante aprende a leerlos, a acoger unos y rechazar otros. Sobre todo, cuando aparece un conflicto entre las intenciones y las necesidades profundas, pues una cosa buena puede ocultar otras no tan buenas. Así, surgen los mecanismos de defensa, los cuales en muchas ocasiones son inconscientes, con el objetivo de eliminar la tensión que se produce en el interior de la persona.
Luis María nos insistió en que un acompañante debe conocerse bien a sí mismo para poder escuchar, acoger, etc. lo que el acompañado narra. Cuando eres consciente de tus debilidades, puedes hacerte cargo con mayor intensidad de las debilidades de los demás. Gran verdad.
El domingo por la mañana, Vicente Aznar nos hizo una panorámica de los Ejercicios en la Vida Diaria (EVD). Es importante saber de dónde venimos (pasado), para entender dónde estamos (presente) y hacia dónde nos dirige el Espíritu (futuro). Así, partiendo de los inicios de los años 80, Vicente nos presentó lo que fueron los objetivos y los retos a los que se enfrentaron los iniciadores de lo que luego serían los «Itinerarios». Posteriormente se centró en el proceso de consolidación, para concluir con lo que hoy son los EVD, tanto en su versión presencial como en su versión online. Mucho camino recorrido. Mucho todavía por recorrer. En todo caso, mucho que agradecer. El encuentro se cerró con un coloquio muy enriquecedor sobre la situación actual y la futura de los Itinerarios, sus retos y sus oportunidades.
Domingo tarde. Cansados por la intensidad del encuentro, pero encantados por todo lo escuchado y compartido, los allí presentes partieron para sus vidas cotidianas con la sensación de que «el corazón les ardía por dentro».
Javier Sánchez Villegas
CVX-Caná en Madrid




Gracias
Magnífico resumen.
Gracias