Desde el sábado 6, Madrid rebosa belleza. ¡El Papa León XIV ha venido a visitarnos! Las calles están engalanadas, se escucha continuamente jolgorio y cantos, y hasta el molesto ruido de los helicópteros en el cielo nos recuerda que el sucesor de Pedro sigue entre nosotros. ¡Ojalá no se marche nunca!
Algunos se lo han topado de casualidad en el papamóvil cuando paseaban por la calle, otros han conseguido estar tan cerca suyo que casi llegan a tocarle, y los jóvenes de la CPA de Madrid le acompañamos -en posiciones no tan privilegiadas- en la Vigilia y en la Santa Misa de Cibeles. La lejanía fue lo de menos, pues su mensaje y la solemnidad del momento son tan arrolladores que bien merece la pena escucharle desde la radio del coche de un policía, como les ocurrió a varios vecinos que no llegaron al palacio del Ayuntamiento.
A mí, personalmente, me cuesta quedarme con algo de su discurso: la importancia del silencio, la “humanidad perfecta” de Cristo, la caridad que envuelve el Corpus Christi… Anoche repasaba mis notas y me acostaba abrumada: ¡Cuánto bueno nos has dejado en el corazón, Santo Padre! Y lo que es más importante, qué semilla tan grande has plantado en esta ciudad, que con un poco de ayuda del Espíritu germinará fecundamente.
¿Cómo ser ahora los “constructores del Nuevo Reino” de los que hablaba Prevost tras sacar la custodia? ¿Cómo llevar la alegría y la Verdad de este fin de semana a nuestras realidades, a nuestros trabajos, a los confines del mundo? Quizá una pista nos la dé San Carlo Acutis, uno de los primeros canonizados por León XIV, y citado varias veces en sus actos en Madrid: evitando ser una “fotocopia” del hermano, viviendo desde nuestra “originalidad” única, con la que Dios nos pensó cuando nos envió a este mundo. También cuidando los sacramentos, especialmente la Eucaristía, que León ha defendido estos días con especial celo.
No me gustaría terminar sin hacer mención a todas aquellas personas con las que he compartido esta visita. Con las me he cruzado en el metro, con las que he compartido horas de calor y espera, con las que he rezado codo con codo sin apenas conocerlas. ¡España es una profesional del seguimiento a Cristo! Jóvenes con campamentos improvisados compartiendo sillas y aperitivos, niños respetando el calor y el silencio, y abuelas de 80 años pateándose medio Madrid.
¡Qué rápido ha pasado!¡Vuelve pronto, Santo Padre! Y que nosotros volvamos cada noche, al recogernos, la mirada a Cristo. GRACIAS.
Marina Álvarez Fernández.
Comunidad CVX Padre Arrupe en Madrid


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