Aquella vez en el monte, mientras orábamos, algo increíble sucedió: su rostro resplandeció como el sol, su ropa se volvió blanca como la luz y escuchamos la voz de Dios. ¡Queríamos quedarnos allí para siempre! Pero Jesús nos recordó que debíamos bajar y seguir con la misión.
¿Has tenido momentos en los que has sentido muy cerca a Dios y has querido quedarte ahí?
Jesús nos enseña que no basta con vivir momentos de fe intensos, sino que debemos llevar su mensaje al mundo.


Desde la hondura de Dios, dejarnos transfigurar por Él