Me arrastraron, humillada y condenada. Los fariseos querían mi muerte, pero Él, en lugar de juzgarme, guardó silencio y escribió en la arena. Con calma, les dijo que quien estuviera libre de pecado arrojara la primera piedra. Nadie lo hizo.
Entonces me miró con compasión y me dijo: «Vete y no peques más».
No juzgues a nadie hoy. En vez de criticar, trata de comprender su historia y responder con la misma compasión con que lo hace Jesús.


Gracias