¡Cuánto siento al ver que mi hijo menor se marcha, con su parte de la herencia! Ya conozco su carácter y puedo anticipar lo que sucederá, pero he de dejarle libertad.
Cuando regresó, la alegría de verlo a salvo se empañó con más dolor por ver la falta de amor entre hermanos.
El Padre acepta a cada hijo como es y lo quiere incondicionalmente con lo bueno y lo no tan bueno.
¿Eres capaz de aceptar al otro como es? ¿De no criticarlo, de no pretender que sus pensamientos o su conducta sea otra? ¿Eres capaz de amarlo tal como es?


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