Aquella mañana, en Nazaret, mientras oraba, sentí que iba a ser madre y que mi hijo, mi pequeño, sería llamado Hijo de Dios… Parece que fue ayer, pero al mismo tiempo parece todo tan lejano…
Ahora que las tinieblas acechan y se acerca el final recuerdo aquel sí incondicional que le di a mi Señor, y siento que todo tiene sentido. Que mi sí, y su sí, fueron un canto de amor. Y por eso mi pequeño, mi hijo, ha de dar su vida por amor a cada hombre y mujer, aunque a mí se me rompa el corazón.
Hoy celebramos la Anunciación. Párate a recordar todos los síes de tu vida.
Da gracias por la valentía de responder a la llamada y pide al Señor la fuerza y el ánimo para seguir diciendo sí.


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