Trabajo como comerciante en el templo de Jerusalén. Para mí, esto es solo un negocio, una manera de ganarme la vida. Un día, entró un hombre y volcó mis mesas, derramando las monedas por el suelo mientras gritaba que habíamos convertido la casa de su Padre en un mercado. Me siento indignado… pero algo me hace preguntarme: ¿Y si tiene razón y nos hemos olvidado de lo que realmente importa?
¿Has convertido tu relación con Dios en una simple costumbre o en una rutina sin sentido?
¿Qué “mesas” necesitas volcar en tu corazón para hacerle hueco a Dios?


Soltar para dejatme habitar