«Cada vida humana es una bendición de Dios» (León XIV)
En este Día Mundial de las Personas Refugiadas, estas palabras nos invitan a mirar más allá de las cifras y los titulares para reconocer el valor único e irrenunciable de cada persona. Detrás de cada historia de migración o refugio hay rostros, sueños, familias y proyectos de vida que merecen ser acogidos con respeto, dignidad y esperanza.
Esta convicción nos llama a construir comunidades capaces de tender puentes en lugar de levantar barreras, promoviendo la solidaridad, la justicia y la fraternidad. En un mundo marcado por conflictos, desigualdades y desplazamientos forzados, renovar nuestro compromiso con las personas migrantes y refugiadas es también afirmar que nadie debe quedar excluido del derecho a vivir en paz, seguridad y dignidad. Alcemos la mirada.
Imagen: Autor Alberto di Loli


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