Acompañar desde Dios

Acompañar. De cuantas maneras se puede acompañar en la vida… Si miro hacia atrás, podría describir un gran número de momentos en mi vida en los que he sido acompañada, en los que me he sentido arropada. Imágenes de personas que han estado junto a mí en momentos difíciles y en momentos felices. De mi propia experiencia de sentirme arropada por otros, creo que aprendí a acercarme a los demás, a saber estar en los momentos que lo necesitaban (aunque a veces he fallado). Pero sobretodo de sentirme acompañada por Dios, de sentirme cuidada por él. En un momento difícil de mi vida se cruzó la oración de “Las huellas en la arena”. En ella describe como siempre en nuestro camino se quedan marcadas dos huellas en la arena, las nuestras propias y las de Dios que camina junto a nosotros. Pero en los momentos difíciles, en los que nos sentimos abandonados, se quedan marcadas un único par de huellas más profundas. Pero que no son las nuestras, son las de Dios que nos lleva en sus brazos.


Ese aprendizaje vivencial de sentirme acompañada por los demás y por Dios, me ha servido en mi aprendizaje profesional como maestra de educación especial. Aunque para mi es una suerte poder dedicarme a lo que me apasiona y disfrutar el día a día, no siempre es fácil hacer frente a determinadas situaciones, a las que nadie te prepara. Ser profesora de alumnos con necesidades educativas especiales, significa dejarte sorprender a lo que pueda pasar ese día, independientemente de lo que tenga programado para trabajar con ellos. Es mirar la realidad desde otro punto de vista, olvidarme de mi manera de percibir el mundo para intentar mirarlo desde los ojos de mis alumnos, y desde ahí poder ofrecerles las herramientas necesarias tanto para aprender contenidos curriculares, como para hacer frente a situaciones cotidianas del día a día, como puede ser verbalizar necesidades, o cambios de rutinas que llegan a generar un alto nivel de frustración por no comprender plenamente lo que sucede a su alrededor. Entender que algunas de las conductas que tienen, vienen debido a una manera diferente de percibir lo que les rodea. Acompañar su proceso de aprendizaje, buscando diferentes maneras de enseñarles cómo funciona el mundo o como adaptar su entorno a sus necesidades. Pero poniendo mis manos en las manos de Dios, para poder actuar de la manera en que pueda acercarles a Él.


Durante mi carrera profesional he tenido que vivir momentos difíciles. Asumir la muerte de un alumno es algo a lo que nadie te prepara, y de lo que nadie habla. Al trabajar con alumnos con necesidades, no solo a nivel intelectual, sino físicas y médicas, tuve que hacer frente a momentos en los que lo único que podía hacer era acompañar. Acompañar, desde la impotencia, en los últimos momentos; ofreciendo en la medida de mis posibilidades y sobre todo de mis limitaciones, espacios de apoyo, de confianza tanto para mis alumnos como para sus familias. Mirando hacia atrás, siento que ha habido momentos en los que no hubiera sido capaz de seguir adelante si no hubiera puesto mis manos en manos de Dios, momentos que nadie te ha enseñado a afrontar y que ni si quiera nadie te mencionó que podían pasar. En esos momentos de impotencia, siempre me resuena esta frase del evangelio: “Señor, no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarles”. Acompañar esos momentos y a las familias en situaciones difíciles, es un proceso de aprendizaje, pero que resulta más llevadero si pongo esas situaciones, y sobretodo mis debilidades en manos de Dios, para en todo amar y servir. Y es ahí donde la palabra ACOMPAÑAR para mi tiene un significado pleno, acompañar desde Dios.

Elena Rodríguez Delgado
Comunidad Padre Arrupe, Madrid

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