Aplicar el discernimiento de espíritus a la resolución de conflictos implica reconocer los movimientos interiores (emociones, pensamientos, actitudes) que surgen en medio del conflicto, y distinguir cuáles vienen de Dios (buen espíritu) y cuáles no (mal espíritu). El buen espíritu promueve humildad, comprensión, perdón y un deseo de resolver el conflicto para el bien de todos. Por el contrario, el mal espíritu siembra orgullo, ira, resentimiento, desconfianza y la necesidad de «ganar» o culpar al otro.
Revisa tus emociones y pensamientos. Pregúntate si estás actuando desde el amor o desde el ego, si mis palabras y acciones ayudan a construir paz o generan más división, siento calma y claridad o confusión e inquietud. El buen espíritu lleva a soluciones que, aunque sean difíciles, dejan una sensación de paz y reconciliación. Si una decisión o acción te deja inquieto, podría ser señal de la influencia del mal espíritu.
Esfuérzate por comprender el punto de vista del otro, reconoce tus errores sin justificarte ni atacar, libérate del rencor, suele ser una trampa del mal espíritu.
¿Suelo actuar desde el amor o desde el ego?


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