Aprender a ser parte de la solución

Somos parte del problema y de la solución. No te veas únicamente como víctima. Cada uno somos víctima y ofensor. 

El proceso de reconciliación comienza siendo conscientes del perdón recibido cuando hemos sido ofensores. Experimentar ese perdón hacia nosotros mismos nos permite ofrecer compasión. El otro no es el único causante del mal. Ser consciente del mal que yo causo me ayuda a avanzar, a sentir empatía, a acercarme y a comprender a la persona que me está causando ese mal que tanto me duele. Ayuda a tocar, a atravesar el mal y a trascenderlo, como Jesús en la Cruz y en la Resurrección.

Pasar por el corazón estas experiencias en las que te has sentido ofensor perdonado te ayudará a no ser tan duro con los demás y buscar superar los conflictos que van surgiendo en el día a día. Estos hábitos se entrenan, ¿estás preparado/a para comenzar este entrenamiento?

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