Atravesar la cruz sin dejarse atrapar por ella

¿Cómo me sitúo yo ante la violencia?

La vida nos va golpeando y cuando esto ocurre, ¿cómo me sitúo yo ante la violencia, ¿cómo me sitúo ante quien me ofende? ¿Qué hago con la violencia que se ejerce contra mí? ¿Puede brotar alguna esperanza en esta situación?

Instintivamente nos sale devolver golpe por golpe, responder a la violencia con violencia. O salir huyendo sin enfrentarme a las situaciones. Existe otra vía, la que nos presenta Jesús: es la mansedumbre subversiva, que reconoce el dolor, y lo abraza atravesando la cruz y poniéndose en los zapatos del agresor.


Al mirarnos a nosotros mismos, podemos reconocer la violencia que generamos, el mal que causamos, y aún así, nos sentimos merecedores de perdón, aunque una y otra vez caigamos en nuestras propias contradicciones. Somos queridos y acogidos con nuestras virtudes y defectos. 

Desde ahí, podemos ser capaces de reconocer las debilidades del otro y superarlas, con esa mirada que ve más allá de los actos, que va al corazón del otro y reconoce que también en él hay esa presencia humana digna de ser amada, que quiere ser perdonada, aunque lo más fácil sea exigir el “ojo por ojo y diente por diente”.


Recuerda alguna situación en la que has sentido violencia, injustamente tratado,
no valorado, excluido… ¿Te atreves a atravesar esa cruz y no quedarte clavado en el dolor?


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