Confiar, tener fe en el otro

La confianza es una virtud necesaria y, a la vez, un fruto del encuentro y del diálogo. Se define como la capacidad de tener fe, ya sea en el «otro», en los procesos o en los tiempos. Es creer y entregarse sin otra certeza que la buena fe y la esperanza.

La confianza también es una expresión de humildad. Al confiar en las personas o en etapas que no controlamos, dejamos atrás la soberbia de creer que somos autosuficientes, que todo lo podemos, lo sabemos o lo poseemos. Confiar implica reconocer nuestras limitaciones y aceptar nuestra vulnerabilidad.

Va en sentido opuesto al impulso de controlar y aferrarse. Aunque la capacidad de confiar es parte de la naturaleza humana, debe ejercitarse activamente. Confiar requiere un acto de abandono, similar al sueño apacible de un recién nacido: la imagen más pura de la confianza. Sin embargo, a lo largo de la vida, esta capacidad de confiar y abandonarse puede ir erosionándose. Entonces, ¿cómo podemos reaprender a confiar? ¿Cómo podemos entrenar la capacidad de «soltar el control» en nuestras relaciones y en los procesos que atravesamos?

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