Cuando la vida te puede… Acompáñate

A veces en la vida vas tan “a tope” que necesitas parar.

A veces vas tan “a tope” que, incluso, se te olvida que no todo (casi nada) depende de ti.

A veces, entonces, (la Vida) Aita-Ama Dios, te muestra señales y gestos, más o menos impactantes, que te recuerdan que para seguir, hace falta parar y cuidarse. Que para acompañar y cuidar a otros-as, hace falta cuidarse a una misma. “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo” (Mt 22, 39) dijo Jesús; pero muchas veces se nos olvida la segunda parte…

Hace unos 3 años me pasó algo de esto. En un momento personal de desolación por varios acontecimientos y de algo de hastío y desilusión en lo profesional, la gente que me quiere me ayudó a recordar aquellas palabras de Jesús. Gracias a ellas fui consciente de que no podía transmitir la luz e ilusión que sentía que estaba llamada a dar si no frenaba mi ritmo, me cuidaba e, incluso, buscaba los momentos para recordar que me siento llamada a construir Reino.

Tras mucho acompañamiento, oración y meses de discernimiento, sentí que, en esta ocasión, el modo sería a través de un año de excedencia: tomar distancia de lo que estaba siendo mi día a día, conocer y vivir otros modos de estar en la cotidianidad, mirar desde otra perspectiva y limpiar una mirada que estaba algo ensuciada de “merezco”-s en lugar de “gracias por…”.

El curso de excedencia tuvo muchos aprendizajes, confirmaciones, oxígeno, oportunidades, regalos… Una de esas oportunidades-regalo, fue una propuesta para trabajar en el equipo de Loiolaetxea, concretamente, en el programa Loturak de la línea de Hospitalidad.

De manera muy resumida, este programa puesto en marcha por el Gobierno Vasco a raíz de la Guerra Ucrania-Rusia, se basa en acompañar a personas/familias solicitantes de asilo o refugiadas de cualquier país en su inclusión en nuestro entorno; bien sea a través de personas/familias que les acogen en su casa por unos pocos meses para que esos primeros días sean más cálidos y agradables, bien sea a través de personas (que forman un grupo local de acogida) que les acompañen en su día a día con trámites, actividades de ocio o sintiendo que tienen a quién acudir en un momento en el que no suelen tener red social aquí.

Al igual que mi experiencia laboral anterior en educación, está siendo una misión de construcción de Reino que va más allá de lo puramente laboral, de los horarios o calendarios. Pero a su vez, está siendo una experiencia de aprender que esa flexibilidad la hemos de controlar para poder cuidarnos y, a su vez, seguir cuidando a otros-as.

Está siendo una experiencia de acompañamiento (aunque no sea directamente espiritual) a personas que vienen con sus historias y sus múltiples capacidades. No obstante, desde los primeros acompañamientos, en los que ellas y ellos, sin saberlo, me hicieron descubrir y conocer cosas de mí que no sabía o recordaba, me planteé en varias ocasiones: “realmente, ¿quién acompaña a quién?”. Con los meses he ido descubriendo que, aunque de diferentes maneras, es un acompañamiento mutuo, gracias al cual sigo aprendiendo, creciendo y viendo las cosas y la vida de otro modo.

Han pasado los años y, tras esa parada, tengo la suerte de tener a mi alrededor quien me recuerda que todo no depende de mí y que es fundamental cuidarme para cuidar. Y tengo la suerte de haber descubierto que acompañando, también recibes el regalo de ser acompañada.

Laura Flores

CVX en Donostia

1 Comentario

  1. Amparo

    Cuánto por volver a pasar por el corazón. Gracias