Desde El Salvador, con memoria

Marzo en El Salvador no es un mes cualquiera. Aquí la memoria tiene fechas muy concretas. Y estando estos días en el país resulta imposible no sentirlo con más fuerza.


Hoy,12 de marzo, se recuerda el asesinato de Rutilio Grande, jesuita y párroco de Aguilares, asesinado en 1977 junto a Manuel Solórzano y el joven Nelson Rutilio Lemus mientras se dirigían a celebrar misa en El Paisnal. Rutilio acompañaba a las comunidades campesinas, impulsaba la organización y la formación cristiana de base y denunciaba con claridad las injusticias que sostenían la estructura social del país. Su muerte marcó un antes y un después. No solo porque evidenció la persecución contra la Iglesia comprometida con el pueblo, sino porque sacudió profundamente al recién nombrado arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero.


Muchos han señalado que la muerte de Rutilio fue el momento en que Romero comprendió de manera definitiva qué estaba ocurriendo en su país y qué le tocaba hacer como pastor. El asesinato de su amigo abrió un camino de fidelidad evangélica que ya no tendría vuelta atrás.


Dentro de doce días vamos a tener otra fecha con una memoria inevitable: el 24 de marzo. Ese día, en 1980, Monseñor Romero era asesinado mientras celebraba la eucaristía en la capilla del Hospital de la Divina Providencia. Un disparo al corazón quiso silenciar una voz que había decidido convertirse en la voz de quienes no la tenían. No lo consiguieron.

Han pasado décadas, el país ha cambiado y también sus conflictos. Pero aquí uno tiene la impresión de que esas dos fechas siguen funcionando como una especie de brújula moral. Recuerdan que la fe, cuando se toma en serio, acaba teniendo consecuencias históricas.


Estar estos días en El Salvador, en este mes cargado de memoria, hace comprender mejor por qué estas figuras siguen vivas en el imaginario del país. No solo como mártires religiosos, sino como referentes éticos de un pueblo que buscaba justicia y dignidad.


Marzo, en El Salvador, sigue siendo un tiempo de memoria. Y también, de alguna manera, de examen de conciencia colectivo. Porque estas historias no pertenecen solo al pasado: siguen preguntando qué significa hoy ser fiel al Evangelio y a la dignidad de las personas.


Desde El Salvador, con memoria.

Eduardo Escobés

CVX Arrupe Elkartea en Bilbao

1 Comentario

  1. Marta Sánchez García

    Gracias