“Desde una mirada amorosa y agradecida, por tanto bien recibido”

El Equipo de Migraciones, en el que he participado desde el 2019 hasta el pasado mes de abril, ha sido para mí participar en el soñar, modelar, y construir espacios diversos de encuentro, crecimiento, diálogo constante, oración en la acción, y ser testigo de la profunda entrega de todas las personas con las que he compartido.

En clave de acompañamiento, como una de las letras del DEAE, que se ha desarrollado el hacer cotidiano del equipo, con los trabajos, familias, grupos de vida, momentos vitales difíciles, y junto a ello la misión compartida en las dimensiones de trabajo que nos han brindado camino: Red de Fraternidad, Encuentros-Experiencias, Frontera Sur, Incidencia Política, Core Team.

Un camino, signado por el ritmo de los tiempos con la pandemia en medio, que nos hizo reinventarnos y generar alianzas internas e externas, y zambullirnos en las reuniones on line, sin parar, porque el intercambio de experiencias, conocimientos y haberes es esencial, y requiere tiempo y espacio. Uno de los muchos frutos ha sido Tarik Emaús, que comenzó siendo un sueño, que se ha hecho posible gracias al apoyo del Equipo de misión espiritualidad, y es el paso para tejer redes entre nosotros mismos y la interseccionalidad.

Gracias a los retos que se iban presentando a las comunidades para asumir espacios con migrantes (los pisos de acogida, espacios de hospitalidad…) y desde ese camino en diálogo y encuentro, se materializó toda una aventura para nuestras comunidades, como ha sido el “acompañar a los acompañantes” de familias afganas. Familias que han huido de la guerra sin nada, musulmanes, de diversas etnias, e idiomas…, es el aprender a compartir vida sabiendo que no ha dependido de nosotros, y es el “Salir del propio amorquerer e interés” [EE 189]

Tal como dijo el Papa Francisco en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2022, que para nosotros fue impulso: “… pasar de entender la acción pastoral para los migrantes a concretar una acción pastoral con los migrantes, tratando de centrar la misión no tanto en “ellos”, sino en “un nosotros cada vez más grande” (CAM, 45).

Por ello, es bueno parar: orar, mirar y analizar como equipo, como hemos hecho el fin de semana del 12 al 14 de abril en Madrid, dedicado a organizar el año y la asamblea, y  trabajando sobre la mirada estratégica de la línea de misión, siendo conscientes de lo que nos mueve y cuáles son nuestros cimientos desde nuestro DMMC, con nuestras fortalezas, miedos, dudas, sueños, preocupaciones, ante la realidad que nos interpela y que es como una llama de vida que impulsa a seguir con convicción.

El ejercicio de definir objetivos, siempre es complicado, para dar respuesta a esas necesidades que deben concretarse en acciones. Teniendo presente que hay acciones que consolidar y seguir soñando.

Traigo a mi grupo de vida, como fuente de escucha y a su vez, como el altavoz en muchos momentos, del que se vale el buen Padre para que escuche su llamada, y a la que respondo sabiendo que voy enviada y acompañada.

Y siento como diría Pedro Casaldáliga cuando abre su corazón, como el mío esta “lleno de nombres

Bienvenido Javier, cuánta conexión y vinculación en tu historia, y todo lo que queda por hacer.

Me despido con un profundo agradecimiento, llevo conmigo grandes aprendizajes de escucha, diálogo y de la necesidad de resistir a las adversidades.

María Alexandra Vásquez

Equipo Misión Migraciones

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