Esta frase resume mi vivencia en la asamblea. Desde la preparación como parte del consejo territorial Andalucía y Canarias, que me cooptó para apoyar en la preparación de la asamblea; dije un sí bastante tímido, pensando que “¿en qué podría yo ayudar desde Tenerife?”. Y más tarde, cuando me llegó la invitación formar parte del equipo de redacción del documento final, mi primera respuesta fue “miren a ver si hay alguien más adecuado”, que luego se tradujo en asumir también con un sí, aún más tímido. Pues Dios Padre-Madre me ha dado las pruebas que no sé lo que digo, porque ha sido una más que gratificante experiencia poder participar en la asamblea como delegada y en los servicios que se consideró. Definitivamente Dios sabe lo que hace.
La experiencia global de la asamblea se traduce para mí en una clara confirmación de mi vocación laical y ceuvequiana. Todavía hoy a un mes de la asamblea me emociono al recordar lo vivido. Poder ser testigo de la acción del Espíritu en cada momento y en cada persona: mediante la comunidad de discernimiento para la toma de decisiones, el modo y orden que el consejo y las guías dieron; la experiencia de unión de ánimos en el grupo de vida, casi desde el primer momento; poder vivenciar todo lo que nos mostraron los equipos de trabajo y de misión, donde con diferentes formas de ser y hacer nos acercaron a las cada una de las experiencias, para hacernos conscientes de la misión compartida, de lo que somos y hacemos. La experimentación de la universalidad de nuestra comunidad, no solo con la presencia de Chris (el presidente mundial, que fue un lujo compartir con él y su esposa también en las distancias cortas), de Angelika (Euroteam) y Pascale (presidenta de CVX Francia); sino también porque, en las intervenciones que realizaron nos trasmitieron la esencia de un mismo cuerpo apostólico, ya que lo que comentaban de la realidad mundial, europea o de un país vecino no se alejaba tanto de lo que vivimos también en España.
Y la experiencia, mejor dicho la “novatada”, de formar parte del equipo de redacción fue otro momento de confirmación de que esta es mi comunidad. Ver como las diferencias individuales de quienes formábamos el equipo (Edu Ayesa, Loures y yo) nos enriquecía, ya que cada cual recogía aspectos o detalles que complementaban el trabajo. También el apoyo y cercanía de Nacho y Carles desde un inicio y luego, en el último empujón, sumar al equipo a las guías, Belén y Sonia, y también Eduardo Escobes; apoyando y acompañando hasta el último memento; para escuchar, acoger y hacer confluir el sentir de la comunidad y poderlo trasladar a un documento que pueda hacer las veces de un breve testimonio de lo vivido a lo largo de la asamblea.
Sigo saboreando el profundo agradecimiento por cada momento vivido (aunque no es posibles ponerlos todos en este relato) y por cada persona con la que pude compartir diferentes momentos de profundidad, de trabajo, pero también de risas y fiestas. Que “suerte” (o fortuna) poder tener la confianza en que Dios sabe lo que hace; como, con quien y a donde me/nos llama. Y, que “suerte” poder responder con libertad siempre si, aunque a veces no sepa lo que digo.
Cecilia Cruz
Equipo redactor Documento Final de la Asamblea


0 comentarios