Ecos de la Pascua Familiar en Villafranca

La pascua familiar de Villafranca ha sido toda una sorpresa. Lo primero que nos sale, con mucha fuerza, es destacar la experiencia de comunidad y de Iglesia.


Es un espacio donde la vida de familia es posible sin renunciar a lo importante, y en la que todas las edades -desde los más pequeños- tienen su lugar y su tiempo.


Durante el Triduo pascual caminamos de la mano de Marta y María, a través de una hermosa y documentada representación que nos trasladaba a Betania en el tiempo de Jesús. Solo una cosa es necesaria… Dejarse habitar por la luz de Dios, a la vez que atreverse a vivir su discipulado en el servicio, pero sin perder el centro. Un reto en aquel tiempo, y también en el
nuestro.


Cada gesto hablaba de la Vida que aquellas primeras mujeres se atrevieron a proclamar al encontrar la tumba vacía: la acogida gratuita e incondicional, generosa y auténtica, la participación de todas las familias en la preparación de los diferentes momentos, los testimonios de los y las jóvenes sobre su vivencia pascual, el derroche de ternura de los monitores con los más pequeños, el cuidado de los niños y niñas mayores hacia los menores, la apertura de corazones para compartir luces y sombras con humildad, y salir fortalecidos de cada compartir -o conversación espiritual-.


Mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas y abriendo sus corazones al amor de Dios… hace que otro mundo sea posible. La resurrección se reconoce en la comunidad y es proclamada por ella. Esta fue, sin pretenderlo, el centro de nuestra experiencia.

Ignacio Sepúlveda y Luisa Melero

CVX en Sevilla

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