Como todos los años, este verano del 16 al 25 de agosto de 2025 han tenido lugar estos ejercicios en la casa de la Inmaculada situada junto al mar en El Puerto de Santa María (Cádiz). Desde CVX-E, el ofrecimiento iba destinado tanto a personas de la comunidad como a personas no pertenecientes a ella, pero siempre con un interés claro por realizar la experiencia, permaneciendo en silencio y acompañada individualmente.
Uno de los objetivos es transmitir la espiritualidad ignaciana a quienes se acercan y quieren conocerla más a fondo. Permanecer a la escucha del Señor para disponerse, ordenar los afectos desordenados y desde ahí buscar y hallar su voluntad. Comenzaron con unos días de intenso calor que paulatinamente fueron haciéndose más llevaderos. Ayudaban también los espacios de la casa, la comida tan rica y la fuente de agua fresquita.
Comenzamos y terminamos los EE al mismo tiempo que una tanda de jesuitas, compartiendo el comedor y las capillas. Una experiencia conjunta de Dios, uniendo en oración a personas con dos vocaciones diferentes y a la vez ignacianas. Agradecidos por todo ello.
Os compartimos dos experiencias de los ejercitantes y algunas fotos con el deseo de animar a seguir por este camino de apertura con nuestro Creador y Señor para más Amar y servir.
Un abrazo agradecido.
Isabel Muruzábal, Coordinadora de la experiencia CVX-E
ABRAZAR LA GRACIA: UNA EXPERIENCIA DE EJERCICIOS DE SAN IGNACIO
Después de una primera experiencia como ejercitante (Javier, 2023), llegaba al Puerto de Santa María, dos años después, con el deseo de revivir un acontecimiento que aportó una enorme serenidad a mi práctica vital y concreción en mis compromisos personales. El estilo de Ignacio en sus ejercicios me aporta una gran confianza. Así, con esa confianza, afronté esta nueva vivencia con mucha normalidad desde el principio; y así parecía que la iba a concluir, hasta que el encuentro al pie de la Cruz con el crucificado me revolucionó en todos los sentidos. Pero a esto se llega después de todo un proceso que ahora comparto.
El entorno del Puerto de Santa María es muy apropiado para esta actividad: un personal de la casa amabilísimo, espacios adecuados en el edificio, un enorme jardín a base de pinos a su alrededor en el que rezar, pasear o contemplar, y desde el que acceder a una playa estupenda en la que disfrutar de toda la bahía de Cádiz: desde San Fernando a Rota, en un
mar abierto al Atlántico. Un mar con unas mareas a las que tan poco acostumbrados estamos en el Mediterráneo. Hasta aquí llegaba yo, sin pretensiones de ningún tipo.
Durante estos ocho días se han introducido novedades en mi vida que difícilmente ya podrán perderse: desde el segundo día, incorporar el “Anima Christi” a mi oración ha sido un descubrimiento. Junto al Padrenuestro y el Ave María, no dejará de formar con ellas una terna imprescindible; ¡toca memorizar esta oración de súplica! Y así, con incorporaciones a mi vida de elementos que tampoco me eran ajenos, es como fueron transcurriendo las jornadas: todo según lo planificado. Pero, al final del sexto día…
Arrodillado, delante de Jesús crucificado, junto a María y Juan, y después de escuchar cómo les decía “mujer, ahí tienes a tu hijo; [… y a él,] ahí tienes a tu madre”, no pude hacer otra cosa que decirle “Jesús, y a mí, ¿qué me pides?”. Ese momento y esa frase estoy seguro de que las he vivido anteriormente; pero, ese contexto en el que lo viví como uno más de los actores en una escena tan emocionante, me acercó al vértigo que puede producir presentar tu disponibilidad entera ante el crucificado: me fío, radicalmente, de quien está a punto de morir ignominiosamente, en una cruz, de la peor manera, la que está reservada a los peores criminales.
Ha sido una experiencia de redescubrimiento, de mirar y ver con otros ojos, al entorno y a mí mismo: ¿me he dejado abrazar por la gracia del Padre misericordioso de la parábola? Posiblemente; porque, aunque sólo haya cambiado mi actitud, ¡todo ha cambiado! Queda por delante “La vida a la que he salido” en la que iré concretando los nuevos compromisos que, con la gracia que he recibido y que no dejo de pedir para mi vida, formarán parte de mi quehacer cotidiano.
Un abrazo agradecido.
Enrique de Amo – Comunidad Mt 25 de la Diócesis de Almería.
MEMORIA AGRARDECIDA DE MI VOCACIÓN CVX
El amor se ha de poner más en las obras que en las palabras, decía San Ignacio. Aunque parezca raro, es en la experiencia de Ejercicios Espirituales donde más he hecho realidad está máxima. Este verano he participado en el Puerto de Santa María (Cadiz), en los ejercicios organizados por el Equipo de espiritualidad de CVX. Cada cosa en esos días me hablaba de un gran regalo de Dios (un regalo “descarado” como decía Mercedes): la casa, los jardines, el mar, la playa, las compañeras y
compañeros de oración, los jesuitas que compartían casa con nosotros, los acompañantes (gracias Isa, Isabel y Pedro).
Pero es en los ratos de oración donde el Señor se me ha dado en su presencia y su Amor, diciéndome: “Tu eres mi Hija amada”. Cuando la vida te va llevando por realidades de dolor y desconcierto, sentir el Amor incondicional de Dios transforma esa misma vida en ofrenda y agradecimiento. En esto los ejercicios son la herramienta de Ignacio para encontrar un sentido
(Principio y fundamento) a todo lo que hacemos, sentimos, vivimos… El sentido del Amor con mayúsculas que lo inunda todo y que hace que veamos “todas las cosas nuevas”.
El estilo de estos ejercicios, desde la comunidad y con la comunidad CVX, me han permitido hacer memoria agradecida de esta historia de gracia que es mi llamada y mi vocación a CVX. Hemos renovado nuestra misión preferencial por los más pobres y vulnerables, hemos recordado nuestra llamada a ser comunidad de laicos ignacianos en las fronteras de la realidad que nos ha tocado vivir.
Vuelvo a casa con el corazón lleno. Que la llamada del Señor a ser de los de su Bandera, siga resonando a lo largo de este curso: ¿qué debo hacer por Cristo?
Un abrazo agradecido,
Cristina Barrenetxea – Comunidad CVX en Pamplona



Gracias