Los seres humanos no estamos programados, sino que somos libres para elegir un ‘para’ que nos complete. San Ignacio nos invita a ser radicalmente libres, a no tener que cumplir con las normas establecidas por la sociedad, por la familia, por las tradiciones… Nos invita a no desear más salud que enfermedad, más riqueza que pobreza, más honor que deshonor, más vida larga que corta…
Un ser libre es aquel que se ordena en función de su “para qué”, de la misión o función que siente que ha de llevar a cabo en esta vida para ser una persona plena y feliz. Todo en función de ese criterio, base o fundamento que elige como referencia a seguir. Todo queda ordenado de una manera distinta cuando la persona es capaz de orbitar en torno a su principio y fundamento en esta vida.
Para llenar de sentido nuestras vidas, estamos invitados a vaciarnos de nuestro ego y a entregarnos a los demás como lo hizo Jesús de Nazaret. A veces, esto nos puede llevar a tener contradicciones con nosotros mismos, con lo que dijimos, hicimos o pensamos en un momento determinado.
Si somos radicalmente libres, podremos saltar estos obstáculos sin problema ya que nos acercará a nuestro deseo de elegir en función de nuestro principio y fundamento.
¿Me siento radicalmente libre para decir, hacer o decidir según mi “para qué”? ¿Me atrevo a hacerlo?


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