En el día internacional de la Juventud: jóvenes llamados a ser sal y luz del mundo.

¿Y tú, joven, qué estás llamado/a a aportar al mundo que te ha tocado vivir?

Cada 12 de agosto, el Día Internacional de la Juventud nos invita a poner la mirada en los jóvenes, en sus sueños, sus inquietudes, sus capacidades y, sobre todo, en la fuerza que tienen para transformar la realidad. Pero esta celebración es también una oportunidad para recordar algo esencial: los jóvenes no somos solo el futuro; somos, sobre todo, el presente.

Vivimos en un mundo que necesita personas capaces de mirar más allá de sí mismas, de comprometerse con los demás y de abrir caminos de esperanza allí donde parece que solo hay dificultades. Y en esa tarea, los jóvenes tenemos mucho que decir y mucho que hacer.

“Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5,13-14). Estas palabras de Jesús pueden resonar hoy con especial fuerza entre los jóvenes. Ser luz y sal significa descubrir que nuestra vida tiene un propósito, que nuestras decisiones tienen consecuencias y que cada joven puede contribuir, desde su lugar, a hacer del mundo un espacio más justo, humano y fraterno.

Desde una mirada ignaciana, se trata de aprender a vivir con los ojos abiertos y el corazón disponible: mirar la realidad, dejarnos tocar por ella, preguntarnos qué podemos hacer y atrevernos a responder. Es buscar y hallar a Dios en todas las cosas, discerniendo cómo podemos poner nuestros dones al servicio de los demás y del bien común.

Porque ser joven no significa esperar a que otros cambien las cosas. Significa tener la oportunidad de comenzar a cambiarlas hoy. En las pequeñas decisiones, en la forma de relacionarnos, en la defensa de quien más lo necesita, en el cuidado de la casa común, en la búsqueda de la verdad, en la capacidad de tender puentes y en el compromiso con nuestra comunidad.

Cada joven puede ser testimonio. Puede ser una palabra que anima, una mano que acompaña, una mirada que incluye, una voz que denuncia la injusticia o una iniciativa que abre nuevas posibilidades. El mundo necesita jóvenes que no tengamos miedo de implicarnos, de soñar en grande y de poner los talentos al servicio de algo que vaya más allá de cada persona.

En este Día Internacional de la Juventud, queremos lanzar una invitación: no esperes a ser adulto para asumir tu responsabilidad; no pienses que todavía no te toca; no dejes para mañana la posibilidad de transformar tu realidad desde hoy.

Pregúntate, como Ignacio de Loyola nos invita a hacer ante las opciones de la vida: ¿dónde puedo servir más y mejor? ¿Qué puedo hacer yo, desde lo que soy y desde lo que tengo, para construir un mundo diferente?

Y tú, joven… ¿qué luz estás llamado/a a encender? ¿Qué sal estás llamado/a a aportar?

Que este día sea una oportunidad para recordar que nuestra vida cuenta, nuestra voz importa y nuestras decisiones pueden generar cambios. Que no tengamos miedo. Que nos atrevamos a vivir con profundidad, a discernir, a comprometernos y a servir.

Porque el presente también nos necesita.

Y quizá la pregunta no sea si los jóvenes pueden cambiar el mundo, sino:

En nuestros espacios cotidianos, en nuestros ambientes, en este tiempo de vacaciones y descanso:

¿Qué mundo podemos empezar a cambiar hoy?

Línea de misión jóvenes

CVX en España

1 Comentario

  1. Marta Sánchez García

    Gracias

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