Encontrar a Dios viviendo en la humildad

Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios, nos pone delante un examen sobre la humildad que, bien acompañado resulta ser de gran ayuda para reconocernos en ella y encaminarnos a vivir nuestra espiritualidad ignaciana en nuestra vocación laical CVX.

Reviso con transparencia ante Dios, si la espiritualidad ignaciana me ayuda y me da pautas en cómo vivir la humildad en la misión que me acompaña y mis relaciones en ella de poder o de servicio, de autoridad o autoritarismo, de donación o de reconocimiento…

Nuestra vocación laical CVX tiene que ver con lo que sucede dentro de la persona, en nuestro interior, viviendo y moviéndome desde lo “Esencial”. Así aprendemos a compartir desde la profundidad de la consciencia.

 Decimos: “Dios está conmigo y no me abandona”, ¿Pero vivo creyéndomelo…? ¿Vivo aprendiendo a saborearle y a permanecer en Él?

¿Fundamento mi deseo en ser quien soy como deseo de Dios, sin necesidad de demostrar la valía personal ni la necesidad de reconocimiento? Para ello es necesario ahondar en quién es mi Fundamento, deteniéndome en reconocer dónde lo pongo e ir ordenando la vida a través del examen de cada día.

Desde el examen puedo preguntarme ¿qué busco y qué sentido quiero que tenga mi vida, mis elecciones y acciones? ¿Dejo y me permito acoger mis sentimientos y emociones para ahondar cada vez más en todo aquello que aparece en mi corazón?

Como personas humanas, forma parte de nuestra condición hecha del barro, acoger en nuestro ser más profundo una cierta necesidad de sentir que se nos valora, de sentir que se nos quiere y aprecia… Pero el examen, entre otras cosas, consiste en descubrir y reconocer si voy más allá -convirtiendo eso tan humano de dejarme avasallar por el Mal Espíritu cediendo a las tentaciones de aparentar, de buscar ser digno de alabanza y reconocimiento- es decir, si voy más allá y me pongo a disposición de Dios poniendo los medios.

En la última encíclica del Papa Francisco se nos dice: “Solo el corazón puede acoger y dar un hogar. Ordenamos la vida a partir del corazón”.[1]

Miremos en personal si creo de verdad que soy misión de Dios porque Dios me pide hacerme, protegerme, cuidarme, perdonarme, quererme y una gran apertura a lo que ha de venir. Y solo sintiéndome en las manos del Padre, como alfarero que me trabaja… y en sus brazos que me acogen y abrazan… y en su corazón que me infunde la vida que necesito, puedo responder a su llamada y sentir que me envía a un mundo roto por el desamor, las guerras, la autosuficiencia, la muerte y el sufrimiento.

 Pido saber acoger tanto sufrimiento y tanto dolor entregado por Jesucristo en la cruz para mirarme en ella y aprender a acoger mi propio dolor y el de los demás, en silencio, sin aparentar, en la humanidad, humildad y sencillez de Jesucristo para descansar en Él.

Isabel Muruzábal

Línea de Misión Espiritualidad CVX-E


[1] “Dilexit nos”, cuarta encíclica del Papa Francisco

2 Comentarios

  1. Maria José

    Gracias por ayudarme a profundizar… Preciosa invitación a vivir confiada en el amor que Dios me tiene así, tal cual soy y estoy

  2. Ginés A. de Mula Llorca

    Todo cuanto se dice es de provecho, pero quisiera subrayar algunas frases:
    Vivir la humildad en la misión que me acompaña y mis relaciones en ella de poder o de servicio, de autoridad o autoritarismo, de donación o de reconocimiento.
    sin necesidad de demostrar la valía personal ni la necesidad de reconocimiento.
    Pido saber acoger tanto sufrimiento y tanto dolor entregado por Jesucristo en la cruz para mirarme en ella y aprender a acoger mi propio dolor y el de los demás, en silencio, sin aparentar, en la humanidad, humildad y sencillez de Jesucristo para descansar en Él.
    Gracias Isabel.