Podemos asemejar al dolor y las heridas que generamos a “lanzar una piedra”. Son diversas las causas que pueden llevarnos a generar esa piedra. Heridas que llevamos, injusticias y conflictos que están aún por sanar, y las propias sombras que son parte de nosotros y nosotras. Esta realidad, nos lleva a poder actuar en las situaciones de nuestra vida de una forma que aumente el conflicto, o cree nuevas situaciones de dolor, surgiendo o ampliando heridas propias o en otras personas. Es decir, lanzando una piedra.
Para aprender a evitar el aumento en las espirales de violencia, y crecer en ser personas reconciliadas y capaces de reconciliar, es bueno conocer esas piedras con las que cargamos. O que somos capaces de generar. Es parte de nuestra historia y de quiénes somos.
Lo que podemos hacer es decidir qué hacer con esas piedras. Por un lado, podemos dejarnos llevar por las injusticias, las espirales de violencia, la rabia o el dolor, actuando desde nuestras sombras. O, por otro lado, aceptando y transitando nuestras heridas, soltar nuestra rabia y dolor en la Fuente de Vida, en Dios. La Fuente de Vida, y de Amor, que es capaz de transformar y acoger nuestras sombras, de forma que podamos dejar de alimentar las espirales de violencia, estructuras y situaciones injustas, y convertirnos en agentes reconciliados-reconciliadores.
¿Cuándo y cómo genero en mí, o en los demás, heridas? ¿Soy consciente de las piedras que lanzo? ¿Cómo puedo entregarlas a la Fuente de Amor?


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