El cuerpo es parte de quienes somos. Aprender a escucharlo puede ayudar a entender nuestros propios sentimientos y reacciones ante las situaciones y pensamientos de nuestra vida. Por ejemplo, cuando tenemos una preocupación muy grande y sentimos un nudo en el estómago. O ante una buena noticia que nos alegra, el pecho se hincha y nos aporta un aire nuevo. Ante la pérdida de un ser querido, al hablar sobre nuestro duelo, podemos sentir una presión en la garganta que incluso dificulte nuestras palabras.
En estos ejemplos con situaciones importantes se hace más claro cómo el cuerpo nos transmite información alineada con nuestros sentimientos. En el día a día, de formas más sutiles o impactantes, también nos comunica. Para aprender a poner nombre a nuestras emociones, dialogar respecto a ellas, y discernir hacia dónde nos mueven, ayuda escuchar a nuestro cuerpo.
Un ejercicio que puede servir es ponerse en una postura cómoda, puede ser de pie, soltar un poco el cuerpo y hacer unas pocas respiraciones profundas. Tras ello, llevar las manos donde “notemos algo”. ¿En qué parte de mi cuerpo noto algo diferente, una tensión? Intentamos relajar la zona y vemos cómo evoluciona. ¿Qué es lo que intenta decirme mi cuerpo? ¿Es algún sentimiento o emoción que me permito vivir?, ¿descubro algo que evitaba?
En nuestro camino de crecimiento y aprendizaje, escuchar nuestro cuerpo puede ayudarnos a conocernos, entender nuestros sentimientos y emociones, y permitirnos vivirlas sin juzgarlas.


0 comentarios