Empezamos estos días de oración cayendo en la cuenta de que la rutina sin asombro nos va matando poco a poco, y de que es la capacidad de asombro, de ver la novedad en el día a día, lo que nos salva. ¡Qué importante vivir una “rutina habitada”! Para ello oramos sobre el tiempo que nos toca vivir. “Todo tiene su momento oportuno. Hay un tiempo para…” (Ecl 3, 1-15) y contemplamos el “tesoro escondido” que guardamos en nuestro interior (Mt 13, 44-14, 12)

Al día siguiente, el Amor se hace cuidado. No se queda en algo etéreo, sino que se encarna, se concreta. Lo vivimos en la historia de Agar y “el Dios que me ve”, y recreando nuestro propio Magnificat en ese encuentro sororal entre María e Isabel.

No solo cuidamos de las personas, sino también de la “Casa Común” que habitamos y de la que nos sentimos parte.
Seguimos nuestro camino “acuerpando” (encarnando) el amor como “mediadoras de sanación” en nuestro entorno. Contemplamos en actitud orante nuestro cuerpo, que no es solo un cuerpo, que es templo sagrado, mapa de mi vida, una obra de amor. ¿Qué cuerpos son para mí especialmente sacacramentales? Migrantes, pobres, enfermos, mujeres maltratadas…

Vulnerables y con capacidad de vulnerar, así somos. Nos acercamos al pecado como parte de nuestra fragilidad humana. Precisamente nuestras heridas, las heridas del mundo, son las grietas por las que también atraviesa la luz, la experiencia del perdón y amor que viene de Dios. Jalics nos recuerda que cada persona tiene un núcleo sano en su interior, allí está entera y sana, y tiene conciencia de que Dios la ama y la contiene.

Como pan que se parte y se reparte, así es Jesús. A través del amor y la ternura subversiva, Dios rompe la lógica del sistema y el orden establecido, ahora todos caben en la mesa compartida.

Y en ese partirse y repartirse, Jesús se da hasta el extremo, muestra su amor sin condiciones, ama hasta el fin. La cruz no salva, quien salva y libera es el crucificado. Permanezcamos al pie de la cruz como las mujeres, hasta el fin con Jesús y todas las personas crucificadas.

Vivir para siempre como personas resucitadas. ¿Se puede seguir creyendo a pesar de los feminicidios, los genocidios, las vidas maltratadas de este mundo? El encuentro personal con el Resucitado puede que no cambie la realidad, pero sí cambia nuestra mirada sobre la misma. Resucitar es volver a la realidad con una mirada nueva. Las mujeres que permanecieron hasta el final con Jesús, las que atravesaron el sufrimiento con él fueron, precisamente por eso, capaces de verle después de otra manera, de conocerle resucitado.

Compañeras y compañeros de camino.
Cada día hemos caminado acompañadas por compañeras y compañeros del alma, cuyas vidas y palabras han sido luz para adentrarnos más hondo en la oración.
En tiempos de incertidumbre, el relato de Bartimeo (Mc 10, 46-52) nos interpela con fuerza. Nos muestra cómo el Amor -que es Dios-nunca se detiene. Desde ese Amor somos llamadas a poner la vida en el centro. Aprender a dejarnos en manos de Dios, vivir en la incerteza y abrazar lo incierto nos hace crecer y nos impulsa a entregarnos con mayor generosidad.
Hadewijch de Amberes, beguina y Maestra de Vida, sintió la necesidad de hablar de Dios en una lengua que el pueblo pudiera entender, para hacerlo cercano y accesible. En España las Beguinas fueron conocidas como Beatas.
Escuchar desde lo más profundo del ser, sin añadir ni un solo átomo de odio al mundo: esa fue la radical propuesta de Etty Hillesum, cuya actitud en los campos de concentración sigue resonando como un testimonio de resistencia interior.
Desde lo cotidiano y lo sencillo, Madeleine Delbrel propone claves para acercarnos al evangelio con mirada nueva. Nos advierte del peligro de creer que ya lo comprendemos, y nos empuja a redescubrirlo como fuente viva, inagotable.
Con su elección radical de estar entre los pobres y marginados, Dorothy Day nos confronta: ¿hemos perdido la utopía del evangelio? ¿Nos hemos acomodado en una fe burguesa, ajena a las periferias?
Guardar semillas como un acto político. Vandana Shiva transforma este gesto en símbolo de resistencia. Frente a la desesperanza —estrategia social planificada— nos propone vivir desde la esperanza activa.
Buscando la igualdad desde lo más profundo del dolor humano, Simone Weil se acercó a las bases con una sed inquebrantable de justicia. Su vida, marcada por la coherencia y la entrega, nos sigue interpelando.
Con Heba Abu Nada y Heba Zaqout, vivir siempre en el Amor y para el Amor. Murieron en Palestina, como C. de Chergé y los monjes de Thibirine, asesinados en Argelia. Vidas entregadas, testigos de Amor hasta el extremo.
Nacer de nuevo con Nicodemo (Jn 3,1-21), dejarse guiar por el espíritu, acoger la mirada plena de Dios, que es Amor.
Con el anhelo de seguir conociendo a estas compañeras y compañeros de camino, que con su vida y testimonio nos enseñan a vivir la fe en lo sencillo de cada día.
Hemos sido 32 personas compartiendo el retiro. De ellas, cinco mujeres éramos de CVX en Bilbao, Barcelona, Gijón y Sevilla. Desde el principio, Pepa Torres y Tere Casillas (las acompañantes) nos animaron a configurarnos durante estos días en Comunidad de Espíritu. Y verdaderamente así ha sido. Cada celebración de la tarde ha sido un espacio sagrado para compartir nuestros deseos, nuestras heridas…un espacio para acoger la vida de unas y otras desde el Dios Todo Cuidadoso que nos iba acunando a cada una en su regazo.
Fuimos percibiendo la sed de conocernos más, de poder descubrir distintas realidades de algunas de las participantes para seguir encarnando nuestra experiencia de Dios en nuestras vidas, por lo que a mitad del retiro se abrió un espacio nuevo de encuentro tras la cena, en el que tuvo lugar el compartir de algunas compañeras.
En medio de esta Comunidad de Espíritu, compartíamos el último día, que había sido también una experiencia como CVX muy enriquecedora. Para nosotras ha sido importante vivir juntas esta experiencia para estrechar lazos, para reconocer con alegría la vida de nuestra comunidad y también sabernos más completas, caminando con otras mujeres, como herederas del Reino de Jesús. Un Reino que se encarna en la unión de carismas unidos en un solo Espíritu, en una misma Ruah.
Pili Gómez
CVX en Sevilla
Llegaba a Bérriz sabiendo que era un lugar para el descanso y el disfrute de la casa común que Dios nos ha regalado. A los pies de los montes del Duranguesado, en el corazón de Euskadi, nos juntamos un buen número de personas, mayoritariamente mujeres, para vivir un retiro ignaciano construido a caballo entre aportes de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y la mirada actual de quienes viven a Dios desde su ser femenino y una larga tradición feminista dentro de nuestra Iglesia. Durante estos días, he podido sentir la importancia de poner en el centro los cuidados, los que necesito yo misma, los que necesitan quienes me rodean, y los que requieren tantas personas, muchas de ellas mujeres, para seguir viviendo con dignidad. Cuidados que vienen de conocer, amar y seguir a Jesús, como tantas veces pedimos en los Ejercicios Espirituales. Porque él era «el todo cuidado» para las invisibles de su época. Una vez más, he tenido la oportunidad de contemplar la cruz, una cruz encarnada en quienes más sufren, y preguntarme qué hago y qué voy a hacer por quienes permanecen colgadas del madero. Y sobre todo, asumir la responsabilidad de la resurrección. Una resurrección que no es una experiencia fuera de la historia ni de mí misma. Ya que las manos con las que Dios vuelve a dar la vida son mis manos y las de la comunidad que teje redes y hace brotar la vida en lo cotidiano.
La vivencia personal y comunitaria de estos días, en clave ignaciana y feminista, me parece muy recomendable para personas en búsqueda y con cierta experiencia previa de Dios, y que hayan tenido un recorrido previo en compromisos sociales y militancia ciudadana, especialmente desde una mirada eco-feminista. Podrán vivir en clave de interioridad, unas jornadas de revisión y transformación, así como la oportunidad de profundizar y sacar mayor provecho de su experiencia vital desde la experiencia del Dios de Jesús.
Una buena propuesta para recrear y adaptar los Ejercicios Ignacianos a la realidad y los retos del siglo XXI.
Edith Ulloa
CVX Arrupe Elkartea en Bilbao



Mil gracias