En 2018 un grupo de personas fuimos invitadas a participar en la comunidad de aprendizaje para aplicar la mistagogía de los EE EE a la transformación de conflictos. De ahí surgió la herramienta que conocemos como “Los seis anclajes de la reconciliación”.
En la Asamblea de Málaga se aprobó la recomendación 7, que nos pedía poner al servicio de la sociedad este aprendizaje para ser comunidades reconciliadas, y así contribuir a una Iglesia sinodal y a un mundo reconciliado.
Con este objetivo se han estado realizando reuniones virtuales con las personas que participaron en la comunidad de aprendizaje y finalmente se propuso una reunión de formación con el apoyo de Elías López SJ, que fue quien nos condujo en el proceso original.
Este encuentro tuvo lugar el fin de semana del 18 al 20 de julio, en un paraje magnífico, el monasterio de las Carmelitas Descalzas de Hondarribia. El objetivo era volver a pasar por el corazón la experiencia de los seis anclajes, dar algunas pinceladas y ofrecer herramientas para pasar de lo individual a lo comunitario y finalmente concretar el proyecto que vamos a llevar a cabo en adelante.
Junto al guía, Elías López, nos encontramos Itziar Errandonea, Ana Garcia Yagüe, Miryam Aranzadi, Bea Blesa (que formaremos parte del equipo de ancladoras) e Íñigo García de Amezaga. El sábado, además, se unieron a nosotras Itziar Ugarte y Álvaro Ortega.
El sábado nos centramos en la herramienta de reconciliación cuyos seis anclajes recorrimos aplicándolos a alguna situación comunitaria que nos pareciese conflictiva. Constatamos la fuerza del proceso de EE EE para afrontar situaciones comunitarias conflictivas, la importancia de implicarse personalmente en la transformación de los mismos desde la conciencia del amor fundante y mirando siempre al Maestro junto a la necesidad de una persona acompañante que aporte modo y orden.
Después de este recorrido, dejamos surgir preguntas que nos ayudaron a ahondar en la herramienta y nos permitieron comprender que los materiales de los que ya disponemos necesitan complementarse con otros, que incidan en los aspectos comunitarios de los conflictos. Además, la herramienta es un instrumento que hay que adaptar a las situaciones, los momentos y las personas concretas.
Abordar una situación conflictiva es siempre difícil para un grupo y más si se trata de una comunidad, por eso el esfuerzo principal es crear un espacio seguro en el que cada participante se sienta acogido y escuchado, sólo desde ahí podrá dejarse interpelar y entrar en el proceso de transformación formando parte del cambio.
Al finalizar la tarde, las cuatro ancladoras recibimos el envío de parte de la comunidad en una celebración breve y profundamente emotiva.
Y dijimos adiós a Itzi y Álvaro.
El domingo comenzamos con la eucaristía, cuyas lecturas parecían dirigirse a nuestro grupo. La acogida del extranjero que hoy está tan cuestionada y es rechazada por parte de la ciudadanía, en vez de vivirse como bendición y el conflicto entre dos hermanas que están atendiendo al maestro. Nuestra espiritualidad nos impulsa a escuchar nuestro tiempo y, a la luz de la Palabra, poner nuestros dones para que el Reino de Dios vaya encarnándose.
Tuvimos un tiempo para compartir la razón que nos impulsa a formar parte de este proyecto. Quienes participamos en la comunidad de aprendizaje reconocíamos que hemos recibido un don que responde a la realidad de la sociedad y de la Iglesia y, por tanto, no podemos dejar pasar la oportunidad de ofrecerlo reconociendo nuestros límites. Estamos dispuestas a continuar formándonos pero creemos firmemente que el mejor modo de aprender es ponernos manos a la obra. Íñigo, por otra parte, desde otros espacios también está muy implicado en procesos de reconciliación y ha podido experimentar la fuerza de los anclajes.
Elías hacía hincapié en la necesidad de la reconciliación para que la sinodalidad avance y sea una realidad en la Iglesia. Y nos invitaba a participar en el movimiento de una sinodalidad-reconciliadora.
Como grupo continuamos poniendo modo y orden en nuestro proyecto, formulando el objetivo general y estableciendo los objetivos específicos, en los que incluimos las llamadas concretas que ya se han recibido. Uno de los objetivos más importantes es ampliar el grupo de ancladoras para dar respuesta a las necesidades que ya se han detectado y las que sabemos que van a aparecer en cuanto pongamos el proyecto en marcha.
Tanto nuestra asamblea nacional como las asambleas mundiales de Buenos Aires y Amiens inciden en que somos comunidades en discernimiento para la reconciliación, que ante un mundo convulso podemos ofrecernos para dialogar y que, en este tiempo de sinodalidad en la Iglesia, estamos llamadas a contribuir para que sea un espacio seguro e inclusivo.
Nuestras líneas de misión hacen que estemos inmersos en situaciones conflictivas tanto a nivel social como eclesial, y formarnos como agentes de reconciliación puede contribuir a que se aborden en profundidad por todas las partes implicadas y se pueda avanzar en propuestas de consenso.
La llamada está ahí, alta y clara. Quien se sienta invitada o invitado a colaborar en el proyecto de reconciliación, que tenga en cuenta que “El Espíritu no llama a quien está capacitado, sino que capacita a quien llama”.
Línea de misión sociopolítica CVX en España


Me alegra como hermano CVX la experiencia que se han animado a compartír, en la confirmación de un necesario y solidario servicio de reconciliación.
Mi sentir con cada una en este camino que inician.
Un fuerte abrazo.
Mario Dimas CVX El Salvador