Geología de una Pascua

(Pascua de Tenerife 2025)

La Casa Manresa de Tenerife se transformó por segundo año en hogar para las personas que decidimos confiar y apostar por esta Pascua tan genuina. La Comunidad de CVX en Tenerife no sólo preparó la casa para que nuestra acogida fuera lo más cálida posible, sino que durante toda la Pascua pudimos sentir su calor en forma de generosidad, disponibilidad y entrega apasionada.

Así lo compartimos al final de la Pascua; al igual que fue unánime también el sentir común de que la Pascua había ido fluyendo muy orgánicamente. Y es que, los siete jóvenes, los dos responsables de la línea de misión de Jóvenes CVX, el jesuita David Fagundo, varias personas de la comunidad CVX de Tenerife, una familia cordobesa también de CVX, entre otros amigos y personas cercanas fuimos fluyendo entre idas y venidas, “compartires”, servicios y oraciones. Todos juntos sentados en la mesa del pan compartido, dispuestos a lavar y dejarnos lavar. Todas las personas disponibles para acompañar al Señor en su Pascua.

Sin embargo, hubo una protagonista más. La propia isla de Tenerife. Pues ella también ha participado de la Pascua a su manera. Verás. Contemplar la geología de la isla de Tenerife nos habla de una belleza natural causada por una dualidad de movimientos. Unos, abruptamente violentos, capaces de mover ingentes masas de magma; otros, silenciosos y lentos, provocados por el suave dejarse moldear del agua y la brisa. Quizás esta clase de movimientos hayan permeado también en nuestra Pascua de Tenerife. Veamos.

La vivencia del Triduo Pascual

Hay dos elementos -quizás violentos- que dejan una impronta profunda, cicatrices hondas, en quienes vivimos la Pascua. El primero es la propia vivencia del Triduo Pascual, pues acompañamos al Señor en su Pasión, Muerte y Resurrección. Las oraciones de la mañana y el examen al acabar el día, nos ayudan a hacer algo más propias las mociones de Jesús; y a su vez, compartimos con el Padre nuestras vivencias orantes del día a día. La erupción violenta de la cruz en la vida de cada persona nos interpela, nos golpea, nos descentra…

La cercanía con los migrantes

… como nos ha interpelado a cada uno la situación de los migrantes que acaban en Canarias fruto de rutas migratorias cada vez más inhumanas e insalvables. La fricción entre el legítimo deseo de construirse una vida mejor, -o simplemente digna-, y la resistencia a la acogida y a la hospitalidad que podemos respirar a veces en nuestra sociedad, ha sido otro de los elementos que nos ha golpeado duro en la Pascua. Pudimos entablar conversación, música, baile, celebración, e incluso amistad con algunos de los migrantes acogidos en el ámbito de una parroquia de Santa Cruz. Además, nos acercamos a uno de los campamentos de emergencia de acogida de migrantes y pudimos escuchar y preguntar a voluntarios y trabajadores que procuran que la acogida que necesitan sea lo más humana posible. Hay mucho buen samaritano anónimo y silencioso que acoge y trabaja al modo de Jesús.

El fluir de la convivencia

Como contrapunto a estos movimientos violentos, alguno de los días pudimos sentir el suave caer de una ligera lluvia. Como casi sin querer. Y así fue creándose la comunidad de la Pascua. Como casi sin querer. Fruto de un movimiento suave y orgánico en el que cada cual puso de su parte. O fue quizás Dios quien fue entretejiendo relaciones de fraternidad a través de Él. Una comunidad diversa en procedencias, inquietudes, profesiones, de amigos en el Señor se fue armando… como casi sin querer.

Y así, tuvimos tiempo de bajar a la playa a darnos un chapuzón, comer en un remoto guachinche, o compartir experiencias, canciones, vida y fe en los desplazamientos en la “furgo”; o bailar juntas celebrando la Pascua la noche del sábado. Una comunidad sirviente y atenta. Sensible ante la realidad. Descentrada de sí para poner el centro en el Reino.

La belleza del Reino

La realidad migrante y la muerte de Jesús en el Gólgota pueden ofrecernos un paisaje desértico, prácticamente lunar, -como el que pudimos ver en El Teide-. Si nos quedamos en la mirada superficial, podemos casi palpar la sequedad de la vida que se ahoga (como un “Tengo sed” en boca de Jesús); o la ausencia de escala humana del Teide, al igual que inhumana es la catástrofe migratoria (casi 47.000 personas acogidas en Canarias en 2024).

En ese mismo paisaje desértico del Teide hicimos un Vía Crucis el Viernes Santo. Pudimos caminar con nuestros propios pies por caminos abiertos entre un mar de cascotes volcánicos. Y fue allí. En lo alto del monte, a modo de Tabor, o Sinaí. Allí vimos que había vida. Una suerte de vegetación -extraña para los peninsulares que íbamos por primera vez-, se abría paso entre piedras y arena. La propia isla es una explosión de vida exuberante y exótica, como si nos quisiera explicar con sus propias palabras el misterio de la Pascua: la Vida, el Amor y el Reino tienen la última palabra. La Vida abriéndose misteriosamente paso entre la vida.

Y es que en la Pascua fuimos experimentando -y colaborando en- parte de la lógica del Reino de Dios. Tan pequeño como la levadura o el grano de mostaza, pero tan grande como el corazón agradecido de quien se siente como en casa tras haber cruzado la oscuridad oceánica. Un Reino experimentado por una comunidad de desconocidos, que, confiados, pusieron lo mejor de sí para el servicio del otro. Un Reino en el que los niños tienen su papel y su lugar, y en el que los últimos se convierten en protagonistas de la Liturgia de la Palabra de la Vigilia Pascual. Un Reino en el que se bautiza y se incorpora a la gran comunidad a aquél que tiene el corazón agradecido y que desea amar y servir más y mejor. Un Reino en el que el amor mueve los pequeños detalles, con la escoba, en el fregadero, la guitarra o un balón. Un Reino humilde, alegre, sencillo, sensible al dolor, que celebra unido lo que la vida va trayendo, incluso la muerte del Papa Francisco.

Con él acaba este relato; recogiendo un fragmento de su última homilía en el Domingo de Pascua:

«Buscadlo siempre. Porque si ha resucitado de entre los muertos, entonces Él está presente en todas partes, habita entre nosotros, se esconde y se revela también hoy en las hermanas y los hermanos que encontramos en el camino, en las situaciones más anónimas e imprevisibles de nuestra vida. Él está vivo y permanece siempre con nosotros, llorando las lágrimas de quien sufre y multiplicando la belleza de la vida en los pequeños gestos de amor de cada uno de nosotros».

¡Feliz Pascua!

Raúl Alonso

Línea de misión Jóvenes

1 Comentario

  1. Amparo Zaragoza Bernal CVX en Alicante

    Que relato más impresionante, relacionando la geografía de la isla con lo acontecido en la Pascua por ese grupo que aparentemente nada tenía que ver unos con otros y que se encuentra con la dureza de la pasion de nuestro Señor y las cruces del camino plasmadas en los migrantes y en los quehaceres cotidianos, pero que finalmente fluye al modo de Jesús. Gracias por compartir algo tan entrañable. Y con gratitud al recordar algunas de las ultimas palabras del Papa Francisco, «buscad al Señor siempre, que esta entre nosotros, entre las cosas sencillas del día a día» Feliz Pascua de Resurrección.