Hay herida, y duele

Hay algo en común que tienen las heridas, sean de la naturaleza que sean, y es que duelen. Tanto una herida física, como un daño emocional o psicológico, producen diferentes tipos de dolor.

La dolencia no es una sensación agradable, se tiende a evitar o mitigar cuando es posible. Pero es parte de la herida, y para sanar, es necesario reconocer su existencia. Llegar a negar el dolor que produce una herida por evitar vivirlo, hace que no sea posible comenzar la sanación. Permitirnos vivir el dolor, transitarlo durante el tiempo que necesitemos, es parte del proceso necesario para superar el daño recibido.

Con el tiempo, conforme vayamos sanando, este dolor se irá transformando, pudiendo llegar a ser fuente de empatía ante otros dolientes, de encuentro, alimentando nuestra Fuente de Amor y de Vida.

¿Cómo actúo ante el dolor? ¿Lo evito, lo niego, o me permito transitarlo?

0 comentarios