Discutir un tema candente, cuando las posturas están rígidamente enfrentadas, casi nunca conduce a buen puerto. Basta mirar algunos debates políticos para comprobarlo.
Si de verdad buscamos acuerdos y paz, necesitamos ir más allá de los argumentos. Hace falta descender a lo más profundo de cada persona, reconocer la esencia que nos une.
Invoquemos ese Espíritu común que habita en todos y nos transforma. Desde esa conexión profunda, donde nos descubrimos hermanos y hermanas amados, podremos dialogar incluso sobre lo que nos separa.
Abre el corazón a este Espíritu que trae paz verdadera. Entrégate a su acción y permite que Él obre. Sólo así nacerá la reconciliación.
¿Confías en la fuerza de este Espíritu en tu vida?


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