Las viudas del Evangelio en la Amazonía

Siempre me ha sorprendido el papel destacado que tienen en la Escritura las viudas. Ya en el antiguo testamento muchas de ellas aparecen como depositarias y transmisoras de los mensajes de Dios. En el nuevo testamento aparecen varias de ellas; junto con huérfanos, extranjeros y leprosos son uno de los colectivos más referidos por Jesús. Probablemente porque son doblemente vulnerables: a la discriminación por ser mujer se une la desprotección al carecer de varón que cuide de ellas. Uno de los problemas que tenemos es que hacemos unas lecturas del evangelio absolutamente descontextualizadas y no sacamos todas las consecuencias de determinadas actitudes de Jesús. Nuestras teologías, catequesis, y predicaciones sirven para contentar a todos, especialmente a los que están mas instalados, sin extraer las consecuencias contraculturales que resultan de los comportamientos de Jesús.


En este sentido recuerdo que en los años de represión de los teólogos por parte de Juan Pablo II y Ratzinger acuñaron la frase de que la “teología había que hacerla de rodillas”. Nunca supe muy bien que querían decir con ello, salvo que acusaran a los teólogos reprimidos de no rezar. Pero pensaba: no, la teología no debe hacerse de rodillas sino de pie y caminando por los mismos caminos que caminan los pobres y excluidos, compartiendo sus dolores y sus esperanzas, sus derrotas y sus ansias de liberación. Si los pobres y humildes, según Jesús, son los que conocen bien los secretos del Reino, ellos tendrían que tener voz para acercarnos a su experiencia de Dios y hablarnos de El. Qué distinto sería todo y la propia teología: de la cómoda asepsia de las cátedras al barro de los caminos que transitan los marginados.

Ayer participé en la eucaristía final de la asamblea de la diócesis de Sao Gabriel. Una Eucaristía festiva y participada con expresiones propias de los pueblos amazónicos. Estaba sentado junto al pasillo central y en el otro lado del pasillo un poco adelante reparé en la presencia de una mujer indígena ya mayor. Supuse que era viuda porque estaba sola. De baja estatura, con un vestido algo festivo, por supuesto descalza con esos pies anchos y engarzados a la tierra que desarrollan. El pelo de las mujeres indígenas es muy lacio, tremendamente oscuro y lo dejan muy largo hasta más abajo de la cintura. El de ella no era todavía totalmente blanco, pero sí de color ceniza y muy brillante.


A lo largo de la ceremonia la observé: sus gestos, cómo movía las manos, cantaba y danzaba. Todo ello con un actitud de recogimiento y cómo estar en oración y diálogo, todo ello muy lejos de nuestra afectaciones formales en los actos religiosos. Al acabar la ceremonia, se acercó al altar, agarró una de las frutas que se habían ofrecido en el ofertorio y con gran dignidad salió por el pasillo central hastala puerta y se marchó.

¿Cuándo estas personas serán las protagonistas de nuestra iglesia? ¿Cuándo escucharemos sus relatos? ¿Cuándo nos dirán ellos y ellas cómo es Dios? ¿Cuáles son los secretos que Jesús les ha confiado?. Reconozco que me faltó valor para al final
acercarme y preguntarle cómo había vivido esa noche en aquella eucaristía, qué había sentido y si podía hablarme de su Dios.
Muchos viven angustiados por la ausencia de dios de nuestra sociedad. Y no es que esté ausente. Es que está en otros lugares donde no se nos ocurre buscarlo. Está en la sencillez, la humildad, en la lucha denodada por la vida de tantos hombres y mujeres de este mundo, en el grito de tantos y tantas ante la injusticia y el dolor. Está en la vida anónima de una viuda indígena de un lugar remoto de la Amazonía y de tantos otros lugares del mundo.


¿Seremos capaces un día de dejar de secuestrar el mensaje liberador del evangelio de tantas lecturas instaladas y desencarnadas y devolvérselo a los que Jesús se lo confió, para que sean ellos los que nos evangelicen y nos ayuden a convertirnos al dios que quiso unir su suerte a la de los oprimidos?


Sao Gabriel da Cachoeira 18 noviembre 2024

Mariano Pérez de Ayala
CVX en Sevilla

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