Los Santísimos efectos de la Resurrección  [Ej 223]

Las llamadas apariciones son experiencias pascuales de los discípulos que posteriormente fueron desarrolladas y teologizadas[1]. De la Resurrección como tal, no podemos hacer grandes afirmaciones sino solo desde la fe podemos atisbar su realidad. Analizando literariamente los textos bíblicos, nos podríamos quedar con esas fórmulas primitivas, cortas y que narran las primeras vivencias de la comunidad (ejemplos en Rm 4, 24-25; Hch 2, 32; Gal 1,1), que fueron posteriormente desarrolladas en los himnos cristológicos (ejemplos en Flp 2, 6-11; Col 1, 15-21), completados muy posteriormente en los evangelios concernientes a los relatos del sepulcro vacío y las apariciones. En estas fórmulas cortas de la tradición, recogidas fundamentalmente por Pablo destaca la de 1Cor 15, 3-5, donde Pablo aúna la confesión de fe en la resurrección con las primeras apariciones de forma secuencial: a Cefas, a los doce, a quinientos, a Santiago… y a él.

En la de Pablo se evidencia una revelación interior (Gal 1, 11ss) que se traduce en conocimiento de Cristo Jesús (Flp 3,8) y por eso le hace afirmar “Yo he visto a Jesús, nuestro Señor” (1 Cor 9, 1). “La aparición sería una experiencia interior (obrada por Dios) que incumbe al hombre entero y un conocimiento evidente (revelación) que Jesús, el ejecutado se encuentra vivo y presente”.[2] Sin embargo, no puede considerarse como la vivencia de un proceso psíquico, construido a través de imágenes y recuerdos, de los cuales carecía, sino de algo extraordinario que irrumpe en la vida y produce cambios. Un dinamismo nuevo que surge del hecho que la muerte de Jesús no fue el final de todo, sino un principio como se observa también en los discípulos escondidos o huidos que regresan a Jerusalén, y fundan una primera comunidad. Un ejemplo de ello al igual que el citado anteriormente de Pablo, es el caso de Santiago, hermano de Jesús, que al igual que el resto de los miembros de su familia, pensaban que Jesús estaba trastornado (Mc 3,21). De aquí que fuera a buscarlo junto con su madre María y sus hermanos para devolverlo a su aldea, y que Jesús rechazó encontrándose ambos totalmente distanciados (Mc 3, 31-35). Sin embargo, Santiago que se incorporó a la primitiva comunidad jerosolimitana, debió experimentar un cambio radical en su vida porque Cristo se le aparecería en una experiencia transformadora, que probablemente ocurrió en Nazaret. No puede explicarse por tanto esta aparición consecuentemente, como una visión pascual desencadenada a través de las imágenes y experiencias vividas con el Jesús terrenal.

Frente a relatos como los del sepulcro vacío, que son formulaciones para intentar justificar el hecho de la resurrección, es necesario ir limpiando la mirada yendo a los testimonios y confesiones de fe más primitivos para profundizar al hecho en sí, a esas fórmulas cortas de la tradición, y entonces, ante lo inexplicable histórica y racionalmente, la Resurrección solo puede desvelarse a través de los ojos de la fe, “por los verdaderos y santísimos efectos de ella” [Ej. 223].

Estos efectos se pueden ir descubriendo atendiendo al sentido teleológico de los relatos de las apariciones, y que responden a las necesidades de las comunidades primitivas, comunidades primigenias que forman y conforman la Iglesia, y que van respondiendo a una serie de cuestiones que surgen en el momento de la escritura de los Evangelios, y que se actualizan hoy en día en la vida del creyente:

            -¿Dónde encontrar al Resucitado? Se le encuentra en el camino de la vida y especialmente en la Eucaristía y la Palabra (discípulos de Emaús, Lc 24, 13-35);

            -El envío de los discípulos, la red que no se rompe que simboliza la iglesia en Jn 21 en paralelo al pasaje de ser pescadores de hombres (Mt 4, 18-20); o en el relato de la Ascensión (Mt 28, 16-20);

            -El Resucitado es el mismo que padeció y se hace presente en la Asamblea, lugar en el que se vive la fe (incredulidad de Tomás, Jn 20, 24-28);

            – El perdón de los pecados como fruto de la resurrección y de todo el Misterio de Cristo (Jn 20, 19-23)

            -La iglesia entendida como jerarquía, misionera y mártir (Jn 21), etc.

Tomás Undabeytia

Línea Misión Espiritualidad CVX-E


[1]Busto Saiz, J.R., Exégesis de los relatos de la resurrección, en Manresa 59 (1987), 325-335

[2] Kessler, H. ¿Resurrección? El camino de Jesús hasta la cruz y la pascua. Ediciones Sígueme. Salamanca. 2023.

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